Blog 
El Análisis
RSS - Blog de Alejandro Vidal

Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


Archivo

  • 31
    Enero
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Desde la casa del sol naciente

    El fútbol asiático no ha tenido en Europa el impacto que, desde mucho tiempo antes, ha conseguido el africano. Por cuestiones demográficas, geográficas y étnicas, la presencia de futbolistas del sur en todas las ligas del continente, supera en cantidad y calidad a la de los jugadores del este, más distantes en el mapa aunque con economías mucho más boyantes que, como se ve, no han influido en la exportación de sus estrellas más rutilantes.
    La propia historia reciente del Mallorca sirve de ejemplo. Aquí han jugado y destacado desde Ezaki a Etoo, pasando por Hassan Fadil, Hassan Nadir, Finidi, Keita y otros, mientras que el desembarco oriental se ha limitado a Okubo y Akihiro, con escasa proyección en ambos casos pese al seguimiento constante de los medios de comunicación nipones.
     
    La emigración procedente del otro lado del Atlas y el Nilo, también ha sido mucho más numerosa que la que haya podido llegar desde más allá de los Urales. Y, de otro lado, la cada vez más importante presencia de futbolistas de las emergentes selecciones africanas en los más importantes equipos de las principales ligas europeas, han consolidado un tipo de deportista mucho más adaptado a nuestras costumbres y forma de entender el fútbol.
    Quizás solamente sea una cuestión de tiempo que, sino en cantidad, ambas tendencias se equiparen cualitativamente.
    Los países orientales ya empiezan a importar técnicos occidentales, Camacho es uno de ellos, lo mismo que profesionales como Nano, central del Levante, exactamente igual que sucedió hace años al sur de Gibraltar.
    Los japoneses del Mallorca han sido como la gaseosa: centelleantes al principio y sin chispa después. Tal vez ha influido el idioma, la adaptación a unos costumbres sociales y alimenticias muy distintas y, sin duda, asumir la exigencia de un nivel competitivo mucho más exigente. Pero probar, había que probar.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook