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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 20
    Enero
    2012

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    Desde hace más de doce años

    El 21 de noviembre de 1999, el Mallorca jugaba en el campo del Espanyol, iba ganando 1-2 a falta de unos veinte minutos para terminar el partido y los locales iban a sacar desde una esquina cuando Serrano, delantero centro, cayó fulminado junto a la portería defendida por el ‘Mono’ Burgos. Mejía Dávila, árbitro del encuentro, no vio nada, no señaló nada, ni nada escribió en el acta aunque el futbolista blanquiazul tuvo que ser atendido en el hospital como producto de un gancho en la barbilla que casi le noqueó. A instancias españolistas, el Comité de Competición actuó de oficio y sancionó al portero bermellón con once partidos de suspensión, además de la que tácitamente le aplicó su entrenador, Fernando Vázquez, quien desde aquel día se decantó por Leo Franco como titular.

    La historia viene a cuento porque si Mourinho y el propio Real Madrid hubieran actuado de la misma manera después de que Pepe pisara la cabeza de un  jugador del Getafe, se habrían evitado agresiones de toda índole y nadie habría emborronado hasta la vergüenza el nombre de una institución y de todos sus miembros, desde el presidente, primerísimo culpable, hasta el último de sus compañeros. 

    Como contraste y nueva prueba de la discriminación de árbitros y comités con los equipos modestos respecto a los grandes, véase el ejemplar castigo impuesto a Joaquín Caparrós por, según un árbitro incapacitado e indigno de dirigir en Primera División, abandonar el banquillo enfadado, eso sí, precisamente para no armar un lío en el propio terreno de juego y ante sus discípulos y contrincantes.
    Si por esto al entrenador del Mallorca le han caído dos partidos, José Mourinho no debería poder entrenar más en España. Pero desde el cochinillo del Camp Nou, el paraguas de Granada –el domingo pasado ya fue una botella– y algunas más, el comité que preside Alfredo Flórez no hace, con sus decisiones, sino alimentar la violencia en vez de contribuir a atajarla. 

     

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