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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 07
    Julio
    2014

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    Del plan a al plan D

    Tras su reconversión en sociedad anónima deportiva, allá por el 92, el Mallorca entró en una de sus profundas simas que se prolongó hasta el desembarco de Antonio Asensio Pizarro, en agosto de 1995. Fueron tres años de penurias y bajos presupuestos, condicionados por el potencial económico limitado como producto de la nula respuesta popular a la suscripción de acciones que, como ahora, terminaron en manos de unos pocos. Se observan destacados paralelismos entre aquella situación y la presente. También entonces se vendía la idea de una mallorquinización de la plantilla, de otra parte intentada hace poco y sin éxito por el Atlético Baleares, con la incorporación de algunos jugadores jóvenes cuyas carreras nunca despegaron. Sacarés, Samper, Nono, Quini, Raúl, etc, toda una serie de promesas que se perdieron en el camino de las realidades. Se nacionalizó hasta el banquillo, en el que tampoco se consagró el tándem Jaume Bauçá-Nando Pons hasta que, con más fracaso que éxito llegaron futbolistas de bajo caché, –Eres, Huegún, ....–para completar una plantilla de perfil bajo, con un objetivo poco ambicioso: permanecer en Segunda.  


      De hecho la venta del club y la ambición de sus nuevos propietarios, frenó su caída en picado que, en aquellas circunstancias, habría sido casi imposible remontar. Y eso a pesar de que comparar aquel consejo de administración con el actual, equivale a colocar a Dios y el diablo en la misma balanza. Posiblemente aquella lección de la historia pilla a contrapié a los más jóvenes aficionados o mallorquinistas y a sus actuales consejeros les importa un pimiento, ignorantes de que el desconocimiento del pasado propicia que, a su regreso, te veas desprotegido. Aún así y por si alguien necesita un ejemplo más vivo del futuro inminente, que se dé una vuelta por el Real Zaragoza, alma gemela y compañero de fatigas en la travesía del cenagal en que se ha convertido tanto Son Moix como la Romareda. En el 2008, el club estalló en las manos de Mateu Alemany, a quien falló el plan B en un escenario muy parecido al de hoy, aunque con mejores profesionales en la planta innoble, metió la pata con el C, tras el aterrizaje de Martí Asensio, y ha visto como algunos de sus antiguos coequipiers, han dinamitado el D.

     

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