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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 11
    Marzo
    2012

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    Del infierno a rozar el cielo

    Nadie entiende de fútbol. No se puede dar una explicación mínimamente coherente a lo sucedido ayer en Mestalla, donde el Mallorca podría haber encajado una goleada de escándalo antes de que se cumpliera una hora de partido y, sin embargo, en los treinta minutos restantes no solamente equilibró el marcador sino que hubiera podido ganar. Diríamos aún más, de haber mediado un gentil regalo de Aouate, uno más, envuelto y atado con un lazo por Tejera, estaríamos hablando de un triunfo bermellón sin precedentes incluso sin anotar el piscinazo de Víctor sobre la bocina que hubiera terminado en gol si el algaidí hubiera elegido la opción más fácil y más lógica, solo ante Guaita. Pero dejémoslo así y bien está lo que bien acaba.

    EL MISTERIO DE CAPARRÓS.

    No sé si el entrenador mallorquinista es un necio o un genio. La alineación inicial, con Castro en el banquillo, Chico de lateral, Tejera de doble pivote,  Álvaro en punta y Nsue de titular, parecía confeccionada bien por su peor enemigo o bien por el técnico local. El mensaje estaba claro, puesto que el Mallorca defendía, aunque inútilmente con once; no obstante percibíamos dificultades para poner en práctica un contragolpe que apenas existió, porque hallar un futbolista capaz de dar dos toques seguidos entre los que comenzaron el choque parecía una tarea ardua. A la media hora no contabilizábamos ni una aproximación al área valencianista, mientras que en la portería visitante ya se habían lanzado diez saques de esquina y creado media docena de oportunidades.  

                                                                       
    QUIEN PERDONA, PAGA.

    Y es que, a la vuelta del minuto 55, el tanto de Nsue, en la primera acción trenzada de los insulares, metió a los suyos en el partido y sacó de quicio al anfitrión. Entendimos que fue un castigo a la prepotencia del poderoso, antes que un premio inmerecido al escaso esfuerzo bermellón hasta los instantes en cuestión. Acobardado Emery, cuestionado por su afición debido a estas extrañas transformaciones de sus chicos, optó por reforzar el centro dos minutos después de que su colega moviera el banquillo al relevar a un Tejera muy sobrevalorado con balón e inútil sin él, por Alfaro, más trabajador. Sólo sesenta segundos después Víctor establecía el empate que sabe a gloria si uno viene del infierno inicial, pero se amarga ante la posibilidad de una campanada superior.

    OTRA PRIMERA MITAD A LA BASURA. 

    Es la segunda vez consecutiva que Caparrós admite haber dilapidado la primera fase de un encuentro sin aludir a su propia responsabilidad. Su planteamiento frente a Osasuna rozó el despropósito y el de ayer, aunque al final saliera bien, no le fue a la zaga al anterior. Podemos deducir que quiso tener las bandas cerradas y explotar el esfuerzo del Valencia el pasado jueves en Europa, pero se corrió un riesgo excesivo y no está la competición para ir de regalo en regalo y haciendo experimentos a estas alturas con futbolistas con los que, justa o injustamente, no se ha contado casi en todo el año.      

    EL DESCENSO QUEDA AHORA A SEIS PUNTOS.

    El Sporting se acerca, pero el furgón de cola se aleja. En este campeonato los extremos se tocan, entendiendo que uno se sitúa casi en el ecuador de la tabla y el otro en el pretil del abismo. Hay empates que no sirven para nada y otros que dan aire. El de ayer sería bueno si precediera a una victoria en casa, pero el próximo rival, el Atlético y la irregularidad del Mallorca, capaz de encadenar dos igualadas pero no dos triunfos, nos mantiene en una incertidumbre que amenaza con prolongarse y nuestros corazones no están para resistir otra última jornada como la de hace ocho o nueve meses. Emociones sí, pero poquito a poco.

     

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