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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 25
    Enero
    2014

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    Con Rafa nada es normal ni previsible

    En condiciones normales, si es que uno se puede enfrentar a Nadal así, Federer ya no es enemigo para Rafa. Lo fue, incluso mejor, pero ya no. Y cambiar de estilo no parece una buena idea para afrontar una partida tan complicada, por mucho que Roger intente prolongar su ya dilatada y admirable carrera con una estrategia más agresiva, algo incoherente con su estilo tradicional. Los años no pasan en balde, sobre todo a partir de determinados momentos y en pista el mallorquín se envuelve en un halo de fuerza física y mental, siempre imprevisible. Recuperó el primer puesto del ranking de la ATP y ha vuelto para quedarse, si el cuerpo responde.

    Fuera de su frialdad habitual, el derrotado envía puyas como los gritos del vencedor o el tiempo que pierde, o quizás invierte, en cada saque. Mensajes que no se pueden sacar de contexto para alimentar la polémica, pero tampoco soslayar la advertencia que encierran para los árbitros de la final de Melbourne.

    Wrawinka no le ha ganado nunca al actual número uno del mundo, haya nacido en Suiza como si lo hubiera hecho en Madagascar. Está jugando bien pero, retrocedamos a la primera línea de esta misma columna sustituyendo solamente un nombre.

    Lo único que cambia ante la cita de mañana es que la obligación de ganar la tiene el mallorquín. Su inesperado rival en la gran final no tiene nada que perder, el factor sorpresa está de su lado y, además, se encuentra en progresión y un buen nivel de juego. Por el contrario, Rafel es consciente de que no puede fallar. Es como si el Real Madrid, por citar a su equipo de fútbol favorito, disputara una final de Copa contra el Valencia o el Sevilla. Los casi diez mil puntos que separan a ambos finalistas en la clasificación de la ATP dicen tanto como la estadística de sus anteriores enfrentamientos. Y Nadal no es de los que pierde el control con facilidad. Si en la otra mitad de la pista estuviera Djokovic, sería diferente. La sombra del serbio se proyecta en otro sentido y, hoy por hoy, sólo su perfil puede sumergir en la oscuridad la mente del vencedor de trece de los grandes torneos. Va a por el décimo cuarto, para igualar a Sampras.

     

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