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Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 25
    Marzo
    2012

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    Con complejo de inferioridad

    El arrojo y la decisión que el Mallorca tuvo para plantarle cara al Real Madrid, no los mostró ayer frente al Barça. Aguantó el tipo hasta encajar el primer gol, seguramente el más tonto de la jornada y uno de los más idiotas de la Liga, pero a partir de este momento dejó de creer en sí mismo y se meció entre los brazos de su rival hasta que, con la expulsión de Thiago, se vio con superioridad numérica. Aún así, solamente dos remates de Hemed pudieron hacer mella en la portería de un Barça cuyo portero, Victor Valdés, no pasó por ninguna situación comprometida.

    La animosidad local apenas duró los diez minutos iniciales. Amortiguada la efervescencia, Castro presentó su dimisión y a Pereira no le salió nada. Sin bandas era imposible aprovechar el 3-1-3-3 de Guardiola y sin presionar a la defensa, al Barça le bastaba buscar a Messi para poner de los nervios a los zagueros locales, pese a la poca inspiración de Iniesta. El afortunado tanto del ídolo, que nadie llegó a rematar, o eso parece, puso en evidencia la baja tensión de la línea de contención bermellona que, en general y portero incluido, pudo hacer más para evitar que el partido se le encarrilara gratis al visitante. 

    Con uno menos y mucho tiempo por delante,  se movieron las fichas. El Barça volvió a la defensa de cuatro, con Montoya de lateral y terminó jugando con sólo una punta y media, Messi y Alexis. Caparrós fué más valiente al colocar a Nsue de lateral derecho, pero se equivocó al relevar a Tissone por Alfaro, negado en posición de medio centro. A medida que transcurría el tiempo, la precipitación incidía en las carencias del equipo local, su dificultad para sacar el balón desde atrás y el marcador en contra. A la inferioridad técnica se unió la impotencia y Montoya tuvo en sus botas ampliar la ventaja que Piqué había aumentado ya. Tampoco el Mallorca mereció tanto castigo, pero en su propia falta de credo halló su penitencia.

     

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