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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 11
    Febrero
    2014

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    Camino de la perdición

    La realidad del Mallorca es bastante peor de lo que parece a simple vista. Un presidente sin firma, ni poder, odiado por la afición, ridiculizado por el vestuario e indeseado por todos sus compañeros de Consejo. La identidad del segundo máximo accionista es un misterio. Porcentajes en mano le corresponde el honor a Pedro Terrasa, pero su clara dependencia de Utz Claassen invita a pensar en un acuerdo, oral o escrito, que les obliga a ambos no en menor medida de la sindicación firmada entre Gabriel Cerdá y Serra Ferrer.

    La contribución del alemán desde su desembarco en el club se concreta en una demanda penal fallida contra el expresidente Cladera y el propio director deportivo, un intento de control del club, no menos fracasado, mediante un pacto con el pollensí y la imposición de su propio director de comunicación como director general, función que nunca había ejercido y para la que ha precisado la incorporación de un gerente. Antes cobraba uno y ahora lo hacen dos. En estos momentos parece que anda por Asia o ni se sabe y no se le espera hasta la próxima semana.

    Con tamaño panorama creer que alguien es capaz de tomar medidas ante la preocupante marcha del equipo, en relación a sus objetivos, se nos antoja un sueño quimérico. Han transcurrido veinticinco jornadas de Liga para que José Luis Oltra, beneficiario directo de la ingobernabilidad del club, repita que las sensaciones son cada vez mejores. ¡Menos mal!  A este paso hasta es probable llegar al mes de junio con la percepción completada.

    Los accionistas del Real Mallorca deben ser muy inconscientes o muy ingenuos para jugarse el futuro del club en una partida interna de póker en la que no falta quien participa con las cartas marcadas. Si a estas alturas no han entendido que quien termine por ganarla se encontrará sin nada con qué cambiar sus fichas, su nivel de comprensión es mucho peor de lo que cabría imaginar, aunque nunca hayamos adivinado la presencia de alguna lumbrera.

     

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