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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 11
    Enero
    2012

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    Así merece la pena equivocarse

    La verdad es que no tengo palabras. Me las tuve que comer en Gijón, con la fortuna en mi contra, pero lo de anoche en Son Moix no me deja un solo clavo al que agarrarme. Tiro la toalla aunque el abogado y antiguo secretario del Mallorca, José María Lafuente Balle, me recrimine siempre que no me mojo antes de los partidos. ¿Cómo hacerlo si uno corre el riesgo de meter la pata hasta la cadera?
        Perdidos los papeles, felicito a los siete mil esforzados y optimistas aficionados que decidieron ir al campo. Entre ellos el doctor Miguel Angel Martín Soledad, bocadillo en ristre, que ya me lo advirtió a mediodía. La fe de todos ellos merece el homenaje que los pesimistas como yo no se pudieron dar.

    Será que Montanier, el entrenador de la Real, se volvió a permitir el lujo de dejar fuera a Griezman, Aguirretxe y Aramburu. Será que sus jugadores creyeron que con el 0-1 al cuarto de hora se había terminado la eliminatoria y que su portero se estaba preguntando si Tito`s estaría abierto los martes por la noche cuando Castro le robó la certera como Tamudo a Toni en aquella final de Copa entre el Espanyol y el Atlético de Madrid. Todo eso es cierto, pero también es verdad que hay que echarle coraje para ponerse en el trance de levantar tres goles en contra en una eliminatoria de tamaña competición.

    Los pitos de la grada a los veinte minutos actuaron como una inyección revitalizante en un equipo que se angustia a sí mismo. A partir del empate, un golazo de Castro, las dudas iniciales de Nunes y Crespí se transformaron en seguridad y aplomo, Ogunjimi, sin intervenir mucho, abrió grandes espacios que incluso Hemed y Alfaro supieron aprovechar. Todos, incluso Pina en el centro del campo, parecían jugadores diferentes. Y lo eran. Nada que ver con los que una semana antes sobrevolaron Anoeta sin aterrizar, ni los que vemos en la Liga. Si tanta belleza fuera cierta, habrá merecido la pena equivocarme.

     

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