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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 06
    Agosto
    2014

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    Algo más que una simple dimisión

    Si la crisis que ha desencadenado la dimisión de Pep Alomar se hubiera gestado con Toni Prats o Serra Ferrer al frente de la dirección deportiva se habrían desatado los demonios de todos los infiernos, aunque es evidente que habitan en muchos más sitios. En Son Moix, sin ir más lejos.

    Con la salida del entrenador que subió al Mallorca B y, con la ayuda de Olaizola, logró la permanencia del primer equipo en Segunda División, se escenifica el desprecio que en el club merece el trabajo de los demás, por mucho lavado de imagen que, con la incorporación de Nadal, Soler y Engonga, se quiera proyectar. En la “nueva era”, como la definió Gabriel Cerdà, la gratitud no es una virtud a considerar.
     
    Los hechos retratan a unos accionistas capaces de no tardar ni cinco minutos en aprobar un salario de ciento cincuenta mil euros anuales a uno de ellos, Michael Blum, y destinar sólo cincuenta mil más a repartir entre los miembros del cuerpo técnico. Si el director deportivo va a percibir por sí mismo ciento veinte mil del ala, los números no cuadran ni con calculadora digital y solar.

    Pero ya se ha puesto de manifiesto que el rasero no es el mismo para todos y los sueldos aún menos, incluido el del otro exdirector general, Pedro Terrasa, al que acaban de remitir al juzgado mercantil, igual que recientemente hizo un juzgado civil de Barcelona con su aliado de conveniencia, ergo el presidente.
      
    La percepción, entre sonrisa  y sonrisa, golpecitos por la espalda y liquidación de cuentas personales pendientes, es que el Mallorca se desintegra a marchas forzadas. De hecho, lo que más llama la atención es que, por unos cuantos billetes, haya quien se arriesgue a subir a este barco que, lamentablemente, hace agua por los cuatro costados.

     

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