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El Análisis
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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 23
    Mayo
    2013

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    Ahora lo entendemos

    La obsesión de los directivos de los clubs por controlar los medios de comunicación, nunca al revés como pretende vender Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, ha conducido al paroxismo de determinar qué jugadores y cuándo deben hacer declaraciones. No aquel que, por cualquier circunstancia, consideren los periodistas en función de una eventual circunstancia, sino el que designa el club sin medir el interés de la comparecencia.
        Debido a este ‘modus operandi’ instaurado prácticamente y extrañamente aceptado por los informadores, a quienes hasta el mindundi de turno limita el tiempo para las preguntas, las ruedas de prensa posteriores a cada entrenamiento e incluso las previas a cada jornada o tras el partido de rigor, carecen de sustancia, se llenan de tópicos y no alcanzan el menor grado exigible por cualquier espectador, oyente o lector. Preguntas aparte, desde luego, que algunas también se las traen.
        Dentro de la comparecencia de ayer, la segunda de Luna en pocos días –la primera porque vas a jugar y la de ahora porque has jugado– se deslizó una respuesta, posiblemente involuntaria, pero de enorme calado. El lateral, fichado como refuerzo de invierno y extrañamente relegado a cuarto recurso defensivo zurdo por detrás de López, Kevin y Ximo, afirmó que, hasta que el vestuario no se ha visto con el agua al cuello, nunca creyó que su objetivo se complicaría tanto.
        Las explicaciones más sencillas siempre despejan las incógnitas más enrevesadas. Este simple argumento aclara por qué este equipo ha sido capaz de convencer ante el Sevilla o el Betis, pero no lo ha hecho cuando era más necesario: en Zaragoza, frente al Levante, el Rayo o el Deportivo. Lo que se nos está diciendo es que, como ocurre con los malos estudiantes, estos profesionales se han pasado el curso haciendo novillos y ahora, en el momento del examen final, han decidido hincar los codos y, en lenguaje ‘caparrosiano’, apretar los dientes y algo más. Y ahora evitar el suspenso está más cerca de la quimera que de la realidad.

     

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