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Sobre este blog de Deportes

Un espacio en el que analizar todo lo relacionado con el RCD Mallorca: fichajes, encuentros, jugadores, temas institucionales, etcétera.


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  • 14
    Octubre
    2014

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    A punto de romperse la cuerda

    La convocatoria de un nuevo consejo de administración del Mallorca en cuyo orden del día no se contempla ni una sola de las peticiones formuladas hace cinco días por los accionistas mayoritarios, no solamente constituye un desafío a la lógica, sino a la propia ley si nos atenemos a cuando se advierte en la carta remitida a los consejeros el pasado fin de semana. Además, una nueva pirueta circense como muestra del desahogo que reina en la planta innoble y que ha causado el hartazgo de un mallorquinismo dispuesto a salir ya a la calle para exigir la dimisión de tamaña tropa.

    Durante muchos años he tenido que viajar por toda España y también parte de Europa y algo del norte de Africa, donde he conocido, presenciado y, en algunos casos, incluso sufrido los efectos que producen las situaciones extremas de un club de fútbol. Si los consejeros del Mallorca osan despreciar el sentimiento de la única institución capaz de juntar todas las ideologías bajo una misma voluntad, es que sus cabecitas están peor de lo que imaginamos todos. Si piensan que, por sus santas narices, pueden afrentar al mallorquinismo que va a salir a protestar contra su nefasta gestión encabezados por representantes de tendencias políticas tan dispares como las del PP, PSOE y PSM, cometen no un error más en su diltada trayectoria de equivocaciones, sino tal vez el yerro definitivo.

    Lo que está sucediendo en Son Moix no es una pelea de gallos, ni siquiera una reyerta callejera digna de los barrios bajos, sino un insulto cada vez mayor a un colectivo  cuya compostura conviene no confundir con otorgamiento. Y no es una ofensa a los seguidores del Mallorca en particular, pues ha superado tal ámbito para alcanzar la sensibilidad de la mayor parte de la sociedad.

    En Barcelona, ciudad que bien conoce Gabriel Cerdà, y otros lugares no se hubieran atrevido ni con la mitad. Pero cuando uno tira tanto de la cuerda corre el riesgo de romperla y parece que este instante está a punto de producirse. Al tiempo.
     

     

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