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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Mallorca

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 18
    Septiembre
    2011

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    TAPAS EN GRANADA

     

     

     

     

    Algunas ciudades de gran éxito turístico se encuentran con la desgracia de no poder acceder a un éxito culinario a causa del tremendo peso que ciertas tradiciones, más que servirles de hombro aupador, se convierten en un lastre, amparado en un complejo culmen de circunstancias, donde lo gratuito tiene mucho que ver.

    Granada, donde la “tapa es gratis” (sic), lastra de esa manera una posibilidad, primero de elección, por parte del cliente, y segundo rebaja la categoría del producto para poder hacer mejores números.

    Establecimientos especializados en tapas muy concretas, que repiten una y otra vez, como signo de una identidad que se defenestra por el mal uso de concepto equivocado.

    ¿Qué es lo que se regala, lo más cómodo, lo que cuesta menos, o un alarde de identidad de quien lo realiza, midiendo los costes pero superando con imaginación el trabajo ofrecido?

    Mientras que otras poblaciones que tenían esta tradición van dejándola de lado, pensemos por un momento en Sevilla, donde grupos de cocineros ponen precio a sus tapas para poder así dirigir su creatividad y no verse obligados mentir en sus “ofertas”. Creando un nuevo renacer de éste producto gracias a dos aspectos: su importante formación culinaria y su libertad de creación no constreñida por la obligatoriedad de lo regalado.

    Vinos y cervezas que aumentan de precio para poder costear así lo aparentemente ofrecido como una enseña de la tradicional generosidad y hospitalidad de la tierra.

    Granada debería de zafarse de su propia sombra histórica y asumir, sin miedos, los tiempos y las necesidades más fundamentales, es decir, precios más asequibles que amplíen la elección libre de quien se acerca hasta sus barras. Todos ganaríamos en calidad, en motivaciones y en un mercado más móvil y menso repetitivo.

     

     

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