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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Mallorca

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 09
    Enero
    2011

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    PERFUME DE SONSIERRA 2007

     


     

    Las bodegas vinícolas tratan de llamar la atención del consumidor/comprador de muchas formas. No sólo se trata de producir vinos de calidad, sino que además algunas veces hacen que sus vinos sean vestidos por diseñadores, pintores o arquitectos.

    Luis Mondejar nos ha invitado a cenar en su casa de Molina a la pequeña peña de íntimos que de vez en vez salimos juntos. Ha preparado una mesa repleta. Y nos muestra el primer vino que vamos a beber, y del que debatimos durante un rato.

    Una hermosa botella, sí señor, con una impecable caja que asemeja el envoltorio de un perfume.

    Es la segunda colaboración del diseñador de moda David Delfín con la Bodega Riojana Sonsierra. Si en la primera el diseño que se lanzó jugó hacia lo medicinal, con un frasco de jarabe, con su caja de farmacia en blanco y rojo, ahora se ha imitado un gran frasco cuadrado y negro de perfume.

    Pero como siempre en el mundo del vino, lo importante está en el interior. Lo exterior es anecdótico, incluso, como en algunas etiquetas diseñadas por grandes artistas, carne de coleccionismo para conservar botellas y guardar etiquetas en álbumes preparados para tal efecto.

    Perfume de Sonsierra 2007 no es ese gran vino que vale 25€. No impresiona por sus notas aromáticas, ni por su paso en boca, ni por su estructura. Ligero y sencillo  queda elegante como objeto de regalo, no como recuerdo en la memoria gustativa que le pedimos a los vinos, y más si se colocan en esa franja de precio.

    Parece más una metáfora de los tiempos que corren que donde debe de llegar el vino. Los tiempos marcan  una estética vendible por lo exterior, por el embalaje, por la mano de quien lo ha diseñado. Alguien podría decir, “se le quiere dar un plus al trabajo anónimo del campesino”, pero eso sería si el resultado en boca, en copa, fuese todo lo verdadero, impactante  y franco que se necesita.

    Hace unas noches abrimos, con otros amigos, una botella de Manuel Quintano 1998. La sensación de que estábamos ante un gran vino venía dada por el aroma y por el sabor, por el conjunto de notas que nos hablaban de un hecho memorable.

    Los objetos, no me cabe ninguna duda, deben de ser bellos, pero si son para conservar líquidos, esos líquidos deben de estar a la altura de esa belleza. En éste caso el discurso es pretencioso. Una forma de encubrir un precio excesivo.

     

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