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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Mallorca

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 29
    Agosto
    2011

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    EN EL NOMBRE DEL CERDO

     

     

     

    Hay escritores que gustan del anonimato, pese a que escriben libros. Y hay libros que juegan a hablar de sus autores con espejos que se encuentran y dicen más que lo que llegamos a leer.

    En el nombre del cerdo” supuestamente es de un señor que se hace llamar Pablo Tusset, aunque dice llamarse en la vida real David Homedes Cameo, que a su vez presenta en su novela a un escritor llamado Quique Aribau. Tanto Aribau como Tusset son calles de la ciudad de Barcelona, con lo que me da a mí que sí hay un autor detrás, pero que hace Cameo, y que le ha sucedido más de una vez eso que le sucede al escritor novelado, que da su nombre falso, y al presentar el DNI le paran los pies.

    Después del acelerón triunfal que dio Tusset con aquella novela del croissant, muy divertida, nos metemos en una novela de corte más policiaca. Donde la felicidad, si llega, solo tiene sentido si hay ciertas traiciones a uno mismo.

    El cerdo es un animal del que aprovechamos todo, esa es una de sus grandezas y de porqué lo convertimos en santo y seña de una civilización. De la vida también. De los momentos de felicidad y de los momentos decaimiento. De los momentos de dudas y de los momentos de certidumbres. Cada uno por su parte, o unidos, como si de una sobrasada o un salchichón se tratase. Como si una gigantesca mortadela, donde unimos, una vez triturados, los aconteceres diarios y dejamos algunos gruesos puntos que tienen vida y sabor por sí solos. Y al saborearla podemos recordar todo lo sucedido en nuestra vida. De la vida como insigne mortadela. Ahora basta saber si nuestra carne se convierte en un Chopper con cabeza de Popeye o Miki Mousse, y los sabrosos tropezones de grasa pasan a ser sencillos trozos de aceituna.

    No es una grandísima novela “En el nombre del cerdo”, más bien es una novela que en su momento fuñé vapuleada por cierta crítica, pero hay ingenio, y algo que a veces pasa a ciertos autores, que tienen que acabar la novela. Es como cuando nos ponen delante un plato de embutidos. Muchas veces no vale la pena llegar a comérselos, pero no hacemos asco a nada y poco a poco acabamos dejando el plato limpio. ¿Qué meditación sacar de ello? Pues tal vez ser capaz de ejercitar cierta dieta ante determinados libros que en el momento que comienzan flaquear, que comienzan a dejarnos de interesar realmente, que comienzan a presentar huecos que necesitarían una cantidad de argamasa literaria que no está prevista en su construcción, dejarlos de lado. Hay demasiada literatura como para perdernos en una literatura que no es más que repetición de otras literaturas, y que más que abrirnos caminos en el pensamiento, nos abre dudas sobre nuestra función de lectores, débiles y sin las fuerzas necesarias para llevar a buen puerto nuestra saludable dieta de buena literatura.

    Tal vez no estaría de más retomar las prácticas de aquél Carvalho quemador de libros, aunque por otro lado todos sabemos del tremendo esfuerzo que realizan los escritores para poder llevar a cabo un trabajo literario. Acercarse a ciertos libros debe de tener, repito, como en las dietas, el resultado de que luego nos centraremos en otros que nos aseguren una correcta alimentación, tal vez los eternos clásicos, esos alimentos que nunca nos fallan, porque aunque haya muchos cerdos no todos tienen ni el mismo pedigrí no han sido tratados de la misma manera, y sus resultados acaban notándose en olfato, y gusto, porque muchas veces la apariencia, puede engañarnos perfectamente.

    En el nombre del cerdo se cometen algunos desmanes malos para nuestra indefensa salud.

     

     

     

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