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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Mallorca

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 08
    Abril
    2012

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    EL PAISAJE SON LOS COMENSALES


     

    Hay días en que lo más importante del hecho de comer fuera de casa son los habitantes de las mesas que me rodean. No importa lo que hay encima de la mesa. No son transcendentales ni interesantes las conversaciones que hay sobre la mesa. Ni el vino que han traído pese a que no me resulta conocido. Estoy comiendo entre personajes de Buero Vallejo y Muñoz Seca. Si estuviera en Italia diría entre personajes de Eduardo de Filippo y Passolini. Pero hoy, con el mar a unos metros de ésta altura de Casa de Pescadores cartagenera, me dejo llevar por las historias que me cuentas las mesas que comparten junto a la nuestra el soleado salón disfrazado de viernes santo.

    Se me ralentiza la vida ante el movimiento de unos ojos que se cierran una y otra vez, y que me dicen que esa mujer no mirada por quien supongo que su suegra, casi prefiere desaparecer en su interior minúsculo. O esa altiva madre de camisa blanca que atraviesa el aceitoso comedor con pasos de faraona de una dinastía perdida por los arenales de la historia reciente. Ese impertinente ser de camisa violeta y brazos cruzados que perdona la vida de sus comensales, y sus mofletes perrunos no se esfuerzan por comer los calamares a la romana, o el arroz con bogavante que le ha servido esa muchacha de pelo rojizo, ademanes de camionera, pero sinceramente hacendosa a la par que sudada.
    Soy uno más de ellos, un personaje en ésta comedia de día festivo y vacaciones obligadas, con mi camiseta de país extranjero mil veces puesta y mi jersey negro repleto de bolitas que hablan del tiempo que tiene mi vestuario, aburrido, elegido cuidadosamente para que el día de fiesta, en ésta comedia neorrealista atracada en mitad de un tiempo que nunca varía, sea vulgar y no dé señales de aire festivo.

    Trato de cruzar alguna mirada, para saber si hay alguien que juegue como juego yo. Pero todos parecen demasiado concentrados en representar fielmente sus papeles. Y sigo practicando mi desentrañante juego, con lentitud, sin prisa, sin ninguna prisa, traduciendo los gestos de los que hoy comen pescaditos fritos y arroces pasados, porque el mundo se me ha simulado, más que nunca, una obra de la que sacar consecuencias y silencio.

     

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