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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Mallorca

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 16
    Abril
    2012

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    EL DOBLE RASERO DE LAS FIESTAS MURCIANAS

     


     

    Nada más entrar en su local me comenta un amigo hostelero, con la sorna en los labios: “¿Y estos tipos de las barracas tienen libro de reclamaciones. Hay agua caliente y agua fría en sus cocinas. Les han revisado por si tienen grifos de codo…?” Y se ríe con ganas.

    Cuando ha descorchado un Tiara 2005 comienza a hablarme de los sardineros: “¿Y cómo es que a estos sí les dejan hacer botellón en la ciudad?. Que van con sus carritos repletos de bebidas, copa en mano haciendo pasacalles, en horas donde los niños pueden ver este ilustrativo espectáculo”.

    Para todo hay un doble rasero. Durante unos días tengo claro que vivo en otro mundo, en otra realidad impuesta. La imagen bochornosa de unos plásticos a modos de ventanas contra el frío, las basuras sin recoger con montañas de restos de arroces, mondas de naranjas, cebollas y otras bellezas en una hora vomitiva, como son las dos del medio día y el sol calentándome la espalda, y nublándome la visión en la entrada del “jardín de los perros”, capital mundial del huertanismo devastador.

    Esa horterada ostentosa de los sardineros, en estos tiempos que corren, me parece sangrante. Y al pasar, camino al hogar, por la calle Pérez Casas no salgo de mi asombro al comprobar que el respeto hacia los demás, vecinos que deben de estar profundamente contentos con haberse comprado una casa sobre el infierno del ruido, debe de ser una cosa de otra época, como si fuera un eslogan olímpico: “lo importante es participar”.

    Me parece que el error de estas fiestas radica en la falta de respeto hacia, por unas partes, las tradiciones, que se las trata de manera chabacana y comercialista. Y por parte de los señoritos sardineros, que hay un mal calculado perdida del espacio temporal. Que los desfiles, juguetes y otros fuegos de artificio pueden estar muy bien, incluso habrá a gente que les guste, pero eso perullismo de vaso de plástico y whisky con muchos cubito es más de aficionado a las casas de lucecitas que de empresario en tiempo de diversión.

     

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