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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Mallorca

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 29
    Junio
    2011

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    DEL SERVICIO COMO AFILADOR DE ODIOS

     

     

     

    Antes del tentempié, que tendrá lugar como convite de la celebración a la que asistimos en Cartagena, después de haber descubierto la iglesia a la que íbamos por los signos exteriores de su puerta (“Es aquí Marta, no ves la cruz de la tarta y las vieiras” le digo a mi señora conductora), nos acercamos a la barra del céntrico local.

    Mientras es la hora de que lleguen los novios pedimos una cerveza y un vermouth rojo. Al darme la vuelta compruebo como el “eficiente” camarero está poniendo con sus deditos prensiles el hielo en el vaso. Mi mirada no le intimida en absoluto, incluso es capaz de hacer algún comentario.

    Cuando llega la hora y  comienzan a transportar comida  hacia las mesas, donde de pie se reúnen los invitados, lanzan los alimentos como extraños platillos volantes con habitantes de distintos países: embutido sudado, calamar plasticoso frito en aceite mil veces utilizado, langostinos hervidos hasta sacarles los colores, aceptables marineras de composición clásica, tartaletas rellenas que crema horneada, dátiles envueltos en bacon fritos en el mismo aceite de antes. Y como si la veloz ingesta no debiera de tener un sentido, como colofón unas patatas bravas más bravas que nunca.

    Ni un despeinarse ante las peticiones de: traiga usted un poco de hielo para  enfriar el vino blanco. Oídos sordos ante cualquier intento de conseguir sal, pan o elementos precarios.

    Eso sí, a la hora de que la gente ha terminado de degustar los trocitos de tarta de chocolate con nata vegetal, el ruido musical asciende hasta ocupar todas las conversaciones, y la danza de los eficaces camarero tras la barra se torna grotesca, exagerada y desde luego poco graciosa. Vamos, como para dejarles propina, agradecerles las atenciones y unirse a su fiesta privada. Hay algunos que no comprender que servir es prestar atención ante quien se está.

     

     

     

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