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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Mallorca

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 12
    Abril
    2011

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    DE CHARLA EN LA BARRA DEL TORRAO SAN JUAN


     

     

     

    Que te llame un amigo siempre es agradable, que te llame para invitarte a burbujas y las últimas ostras flor, mucho más.

     

    Con Pepe tengo una amistad pespunteada de recetas y conversaciones sobre nuestra profesión, y ésta vez no iba a ser menos.


    Con las fiestas de Primavera llegando me expone sus ideas frente a Hostemur, que no acaba de tomar cartas en el asunto como debiera. “Me sorprende, le digo, que una asociación con tantos socios como ésta no tenga el firme propósito de hacerse evidente en Primavera, poniendo ella una barraca, desde la cual todos los socios que quieran participar, preparen un menú diario, variado, serio, estudiado, redescubriendo cosas que se están olvidando, no sólo para dar valor a la cocina murciana, sino a los productos murcianos, a los vinos murcianos, y a los profesionales murcianos. No es justo que año a año, y más con la que está cayendo económicamente, sean las barracas las que se lleven la mejor parte de unas fiestas tan populares.”

     

    ¿Se imaginan ustedes ir a una de esas barracas y encontrar un servicio suficientemente preparado. Menús que cambian día a día mostrando realmente la riqueza de nuestra cultura gastronómica y no las repeticiones simplonas y casi tartamudas de los evidente, y bebiendo vinos de calidad, con las novedades anuales que nuestras DO ofrecen, en copas de calidad, a precios realmente populares?. Entonces, a raíz de ello, serían las clásicas barracas las que tendrían que ponerse las pilas para estar al ritmo de los profesionales.

     

    El fervor por la aceptación impositiva y falsamente popular de las barracas  es una humillación para una hostelería que a pies juntillas se ve obligado a cumplir las regulaciones sanitarias, las económicas de hacienda, las laboras de una seguridad social, es decir, todo lo que comporta la regulación de las normativas legales para tener abiertos unos establecimientos, que éstos señores de las barracas  apenas merodean.

    Y ya no hablo de que el arroz pasado que se sirve generalmente en estos  espacios ocupados a la ciudad durante ocho días en Abril y otros tantos en septiembre que son los de mejor emplazamiento tengan precios estrepitosos, aunque digan que no suben los precios en tres años, pero es que servir un producto en platos de papel tiene un delito infinito, sino que su equiparación a las normas me parece realmente alejado de la realidad.

     

    Mientras las barracas no activen la exaltación de la gastronomía con notas serias, y Hostemur tome cartas en el asunto y ponga el diálogo con las autoridades como debe de ser, la parte gastronómica de las fiestas de primavera seguirá siendo un grotesco negocio pagado en negro para intereses absolutamente privados. Que aprovechando el tejado de lo popular sirve, en líneas generales, una comida esperpéntica. ¿O acaso no llamamos intrusismo profesional cuando señores que nada tienen con una profesión realizan los predicamentos de ésta y además reciben prebendas por esas activiades?

    La aceptación popular no puede esconder un desorden tan siniestro para un sector que está obligado, día a día, a dar lo mejor de día, haya crisis, fiestas, o estemos en pleno agosto.

     Seguimos hablando, mientras el lujo de la generosidad de Pepe trae el Mediterráneo sobre su barra. Antes de irme le prometo una receta para las fiestas, y que se vengan a cenar una noche a casa.

     

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