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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Mallorca

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 19
    Julio
    2011

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    COMER COMER, PARA CRECER ,CRECER ,CRECER

     

     

     

    “Alicia en el país de las maravillas” no es un libro para niñas, o niños, que estén a dieta. Aún más,  no es un libro para niños, exclusivamente. Por mucho que parezca repetirse a lo largo del tiempo desde su publicación.

    Hay algunas cosas de Alicia la intrépida impertinente que siempre me han gustado. Era tan obediente que ante un pastelito que dice “Cómeme” ella no hace más que llevarse a la boca la dulce palabra, y como si de una metáfora de los tiempos futuros se tratara, Alicia crece y crece. Mujeres y hombres el mundo. Quien come crece.

    El socarrón y zurdo Señor Carroll pronunció una perversa frase: “La regla es mermelada mañana y ayer, pero nunca hoy”. Hombre lúcido, donde los hubiera, sabía que si en el presente damos rienda a nuestros deseos no nos quedará mucho más a lo que optar. Por ello creía que era mejor tener aspiraciones de pasado y de futuro, y algo de insatisfacción en el presente.

    Compañía extraordinaria y una escena a la que nos hubiera gustado incorporarnos: la merienda de los locos, con el lirón en su papel de dormilón casi constante, el sombrero loco, (¿tal vez tan loco por el uso de sales de mercurio a la hora de la elaboración de los sombreros de fieltro en la Inglaterra del XIX?) y la liebre de Marzo (¿loca por ser marzo el mes en que dan rienda suelta a su celo los inquietos animalitos?). Aunque en la merienda, realmente, el hecho alimenticio viene señalado por un poco de pan y mantequilla, y té para beber. Han sido las secuelas cinematográficas, desde la clásica de Disney hasta la más reciente de Tim Burton, las que nos han hecho soñar que esa merienda tenía un encanto que en realidad no tenía. Bueno, más que encanto, que en la mesa había algo más que tazas de té, y platos con pan y mantequilla.

    La inglesa costumbre del té acompañado por un sándwich de pepino y mantequilla tomó importancia en mi vida desde el momento en que el ideólogo de la ginebra Heindrich repensó su ginebra mientras degustaba, una hermosa tarde, su té, su delicado sándwich, rodeado de embriagadoras rosas. Pero eso es una historia más reciente y que seguro que a alguno de los comensales de esa mesa le hubiera encantado dejar de lado el selecto té, por la sugerente mezcla de la ginebra, la tónica, el pepino y los pétalos de rosa.

    Pero la culinaria serena de la vida inglesa se ve reflejado en éste cuento, donde uno no sabe si la niña Alicia le cae bien, mal o no sabe no contesta. Cocineras que preparan sopas cargadas de pimienta, juicios por la desaparición de tartas, setas que ayudan al crecimiento o la disminución, golosinas que endulzan más la vida.

    El sueño de Alicia es el de la burguesita que está dispuesta a conocerlo todo, sin darse mucha cuenta de que la alimentación, como al vida misma, tiene siempre un resultado descontrolado. Por ello el sombrero tenía el reloj parado.

     

     

     

     

     

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