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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 31
    Agosto
    2013

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    Sumido en la perplejidad

    Supongo que nadie puede pretender, en cualquier edad y circunstancia, conocer todos los porqués y dar con la respuesta correcta como haría el ganador de un concurso. Pero de ahí a que los interrogantes le persigan a uno como su propia sombra, media un abismo que parece ahondarse a cada día que pasa. Quizá se trate de una penitencia, ésa de aprender a convivir con la ignorancia. En tal caso, habrá que apechugar, aunque agradecería la caridad de alguien más clarividente para evitarme aunque fueran un par de los enigmas que desgranaré en las líneas que siguen. Sin embargo, me temo que el asunto no va a ser tan sencillo, porque en la actual “vida líquida” que definía Bauman, braceamos muchos —no puede ser de otro modo, a falta de tierra firme bajo los pies— y, entre la incertidumbre y la desconfianza, cedemos el turno sin acertar una.


    Naturalmente que las palabras pueden crear realidad u oscurecerla hasta hacerla incomprensible. He leído de la corriente steampunk, y que es ¡retrofuturista! (al terminar con esto, visitaré Wikipedia), o que cualquiera puede ser objeto de una sorpresa pop-up (?). Las pelis en vídeo que almacenaba, tienen hoy la misma vigencia que las máquinas de escribir Underwood, y pronto ocurrirá lo mismo con el DVD porque ahora, aunque por poco tiempo, seguramente, prima el blu-ray (?). A mayor inquietud, desde hace semanas se me viene advirtiendo desde la pantalla que actualice los plug-in, aunque haya vivido tan ricamente sin saber de su existencia. Pero es que, además, no todo es culpa de los anglicismos. Me debato hoy en parecida perplejidad que la de hace unos años, cuando me enteré de que las performances eran una nueva forma de arte que también puede anidar en esa grapadora que tengo (con perdón; ¡menuda antigualla!) sobre la mesa, y si no cambio de móvil es por evitarme el folleto de instrucciones que, según aseguran los enterados, me abrirá un mundo nuevo. Comprensible ya no lo sé.
    Pero es al dejar adminículos y tecnología para meterme de cabeza en la performance cotidiana, cuando no sólo los dedos se me antojan huéspedes; es que han invadido mi casa, mi vida, los alienígenas. Porque no se trata de que la comprensión admita grados y sea aconsejable abandonar el simplismo, la bipolaridad del blanco o negro, sino que los grises se mofan del espectador, si me permiten generalizar, y cambian de intensidad según su estado anímico e incluso con relación a sus expectativas. Y así no hay verdad que aguante, interpretación que resista ni zozobra que claudique, a pesar de que sonriamos frente a las mismas cosas que hace treinta años y sigamos con ese teatro de la normalidad que apuntalan el despertador por la mañana, los festivos cada semana y la nómina a fin de mes para los más afortunados.
    ¿A qué me estoy refiriendo ahora? Pues a cualquier cosa, dado que hay tanto donde elegir, pero, por poner cuatro ejemplos, a escuchar de cualquier prelado que la ciencia tiene connotaciones negativas. Nada de que las verdades científicas son provisionales sino que, muchas veces, sería mejor no vislumbrarlas. Ignoro si el Papa Francisco opinará lo mismo o el cisma ideológico alcanzará también a esas revelaciones de sus pastores. Y por no andarme por las ramas, aún estoy rumiando la aseveración del director de la Agencia Tributaria local cuando aseguró, a propósito de la protesta de los empresarios de coches de alquiler por la subida de impuestos, que estaríamos mejor sin ellos (?). ¿Otras dubitaciones? Pues la de una visita de Rajoy al rey en Mallorca, con motivo de las vacaciones del segundo y año tras año, cuando ambos coinciden en Madrid durante once meses; o que se multe a los músicos callejeros si se pasan de decibelios, mientras los moteros y sus tubos de escape campan a sus anchas. Si lo dudan, pásense por Esporles cualquier domingo sobre las once de la mañana.

    Otrosí: ¿alguien de entre ustedes concede el menor crédito a ese Fondo Monetario Internacional cuya perspicacia daría para otra columna? Pues aconsejaba rebajar los salarios de los trabajadores un 10%, lo cual, a más de reactivar el consumo (?), nos resituaría a todos en la senda de la esperanza. Incluso a los afectados, para los que una nueva agresión a sus bolsillos sería nada en comparación con la ocurrida en Gibraltar por parte de los ingleses, y esa sí que es una cruzada, al grito unánime de ¡Gibraltar español!, capaz de devolvernos el entusiasmo `por una empresa común. Claro que siempre habrá quien considere este crónico litigio del Peñón como una nueva cortina de humo, y si se sugiere que tanto humo podría terminar por asfixiarnos, no sabré qué responder, sometido como estoy a la constante perplejidad.


    Para entender cuanto sucede, no sé si especializarme (ya supondrán: saber mucho de casi nada) u optar por la filosofía (saber nada de todo, dicen algunos). Pero es que de seguir así, sin enterarme de la misa la media, ni siquiera podré decidir a quién votar en el futuro. Ni qué hacer con los malditos plug-in. Y tampoco es plan.

     

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