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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 10
    Marzo
    2013

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    Se corren las cortinas a conveniencia

    Soy consciente de no descubrir nada nuevo con el título, pero conviene subrayar las ocultaciones cuando, por lo groseras, se transforman en ofensa a la colectividad. Desde instancias políticas se pueden velar los hechos de muchos modos, aunque los más frecuentes sean subterfugios, el silencio y las mentiras. A continuación, un ejemplo para cada uno de ellos, aunque no es raro que se solapen y añadan otras variantes: desde los eufemismos a echar balones fuera o el reiterado “y tú más”.

    Para circunloquios, las informaciones respecto a la enfermedad del que fue presidente de Venezuela, Hugo Chávez: un cáncer operado hará casi dos años y del que ha fallecido el pasado martes. A día de hoy, ignoramos todavía la naturaleza del mismo, localización y extensión de las metástasis o los tratamientos que recibió, todo lo cual seguramente se ocultó para no ofrecer pistas que permitiesen aventurar un pronóstico que no sólo implicaba al afectado, dada su condición, y comprometía el futuro político del país así como las expectativas —partidarios u opositores— de la ciudadanía. Maduro, vicepresidente en vida del mandatario, subrayaba una y otra vez la favorable evolución, y la camarilla apunta ahora sobre la posibilidad de un envenenamiento, hipótesis nada plausible frente a un cáncer que recidiva tras la extirpación. Se trata una vez más de enmascarar la realidad y, en consecuencia, atentar contra la libertad para interpretarla.

    El caso del australiano Julián Assange es, por el contrario, un buen ejemplo del equipaje de silencios que sigue al inicial desembarco mediático. El fundador de Wikileaks, recordarán, divulgó miles de documentos secretos del departamento de Estado norteamericano, aunque el motivo de haberse refugiado en la embajada de Ecuador, sita en Londres (permanece allí desde el pasado junio), no es en apariencia éste, sino una petición de extradición a Suecia tras las denuncias por presuntos abusos sexuales de Miss A y Miss W, que así las llaman. Que subyazga una estrategia que acabe con él en cualquier cárcel de EE UU, es probable y no ha sido negado por Suecia salvo que existiese amenaza de pena de muerte (así lo afirmaron Cecilia Riddselius, del ministerio de Justicia, y Liv Duvhamm, de Exteriores). Pues bien: desde el pasado agosto y tras la tormenta informativa, siete meses más de encierro sin noticia alguna. ¿En qué anda su abogado, Baltasar Garzón? ¿Cómo sobrelleva Assange una vida entre cuatro paredes? ¿Por qué los suecos no lo interrogan en Londres? Respecto a todo ello, un tupido velo y a mí, la verdad, me interesaría más el contencioso descrito que los pormenores sobre los clubes futbolísticos de allá, llámense Chelsea o Tottenham.

    Pero como apuntaba al comienzo, y cuando no son las evasivas o el punto en boca que quizá esconda las transacciones entre bambalinas, las mentiras se enseñorean de la vida política y devastan definitivamente nuestra confianza en una transparencia que no cesan de pregonar. Que las verdades silenciadas se vuelvan venenosas (Nietzsche) quizá pueda ocurrir, aunque, en la experiencia de la ciudadanía, ello no sucede en un plazo que evite el sobreseimiento cuando no el olvido o la superposición de nuevas embustes con mayor tirón. Unas sobre otras, terminan por amalgamarse, indistinguibles, y convierten la inicial indignación en hastío inmune a cualquier otro estímulo. Porque lo grande se ve a distancia, pero lo mayúsculo oscurece el horizonte, mata la perspectiva y nos encierra en esa maraña de afirmaciones sin base, rectificaciones parciales y nueva mentira de más calado para englobar todo lo anterior.

    La afirmación de que el PP tiene “Un compromiso con la ejemplaridad que va a cumplir” (Rajoy, 5 de abril de 2010), se ha mantenido pese a las evidencias en contra, y es que, como afirmaba mi admirada Yourcenar, se mantienen las opiniones que nos son queridas aunque los hechos las contradigan, lo cual, en quien tiene mano sobre vidas y haciendas, cuando menos inquieta. Para el presidente, el abrumador asalto de las evidencias será siempre el pretexto para un silencio que hará sonoro la señora Cospedal, merced a nuevas falacias (¿cuándo dice que se cortaron las relaciones del partido con Bárcenas?) y, de necesitarse un “tú más”, ahí está el todoterreno: González Pons.

    La “tolerancia cero con la corrupción” (discurso del señor Bauzá para el Día de Balears) tal vez hubiera precisado antes de pregonarla un mejor examen de conciencia, y es que recuerda demasiado a la del dimisionario Papa respecto a una pederastia que trufó sus filas hasta ayer mismo. Y de apetecerles mirar más arriba (pero sin San Pedro de por medio), reparen en Urdangarín y sus desvelos, colocando en Noos a la infanta “para una máxima transparencia”.

    Empeñados en no reorientar las velas, todos confían en que el viento sople a conveniencia y no cejan en el empeño de ocultar, orillar o mentir, convirtiendo sus prácticas en un cinismo de dimensión monstruosa. Tan grande como la del dinosaurio de Monterroso que, en cada despertar, sigue ahí, junto a nosotros. ¿Hasta cuándo?

     

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