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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 30
    Enero
    2013

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    Qui dies passa, anys empeny?

    Es creencia muy extendida en estas islas la de que el tiempo es nuestro mejor aliado, así que suele apostarse por verlas venir, y pasar de casi todo excepto de las herencias. Sin embargo, tras echar la vista atrás, no me parece que baste con mirar hacia otro lado para que el futuro termine por sonreír, ni que con esa ardiente paciencia, que aconsejaba Rimbaud, terminemos por “conquistar la espléndida ciudad que dará luz a todos los hombres”.
    Con excepciones, claro está, porque para los corruptos con pedigrí, adinerados con más ambición que vergüenza e incluso ciertos políticos sin encausar o a la bartola mientras pasan los días, esperar a que escampe suele ser una elección que la justicia y nuestro pasotismo cargan de sentido. Ahí tienen ustedes desde Matas a Cañellas y sus prescripciones ocurridas o por venir; la ecotasa de los hoteleros esfumada sin dejar rastro, la trama Gürtel de acá, Bárcenas y su amnistía fiscal o, en mi propio barrio, el camino público de Ca’n Mallol cerrado por un ganadero suizo, abierto por orden municipal y vuelto a cerrar en espera de la resolución de un pleito que lleva camino de eternizarse. Por contra, olvídese usted de cambiar el ticket de la ORA y no habrá explicación que le salve, ni de cuatro collejas o algunas más si acaso se le ocurre vocear cuestiones parecidas a las anteriores, con ánimo justiciero, al paso de nuestros líderes.


    Algo similar sucederá con ese combustible reciclado e inodoro que evitará el aumento de tasas a los ciudadanos por reciclar más y mejor. Nosotros a sobrevivir y, a ratos libres, podemos seguir entretenidos separando en montoncitos el papel, el cristal o cuanto quieran; matando el tiempo, vamos. Tot passant díes. Los mismos días que Tirme y el Consell Insular emplean en buscar proveedores de bloquecitos prensados y siquiera blanqueados —los proveedores— para que no se traiga de nuevo a colación la camorra de Gomorra, esa novela de Saviano que tan nerviosa puso en una mesa redonda a nuestra consellera de Medio Ambiente, empeñada en garantizar el cumplimiento del contrato con la empresa incineradora aunque ni ella ni los suyos hayan mantenido parecido compromiso para con los salarios de los trabajadores, igualmente pactados, firmados y rubricados.
    Sentarse a la puerta para ver pasar al enemigo derrotado, pues sin duda se vive de forma distinta a tenor de la calidad del asiento, lo mullido que esté y la comodidad del portal a cuya sombra nos arrellanemos. En todo eso se basan, y es que unos pueden esperar fumándose un puro, aquí o en Nueva York, a que al común de los mortales se les termine por clavar la silla en el culo. Lo de que “anys empeny qui díes passa”, y por lo anterior, sólo funciona cuando se tiene poder o pasta. En tales circunstancias la justicia se dilata hasta pervertirse, y la contestación se agota cuando hay que simultanearla con el trabajo real. “I tu, deixa’ls que cantin”, se dicen quienes ganan con la espera. Que se indignen porque eso cansa mucho y, entretanto, hagamos nuestra la certeza del poeta Nicanor Parra, esa de que “La izquierda y la derecha unidas / jamás serán vencidas”.
    ¿A qué viene lo último? Bueno: a que quien —me refiero ahora al principal partido de la oposición— exhibió en el pasado modos parecidos a los que hoy cuestiona (con insistencia, eso sí, aunque sin pasar a mayores), se equivoca al pensar que bastará con el discurrir de los días para que los votos vuelvan a sus alforjas. Adoptan la estrategia de los poderosos, sin percatarse de que es difícil pescar a bragas enjutas (a calzoncillos, en el caso de Rubalcaba) y que sus potenciales votantes hace bastantes meses que andan sin taburete desde el que darse un respiro. Que los de a pie, en busca de acomodo y viéndolos también tan bien sentados, empiezan a pensar como el poeta.

    Para quienes el discurrir de los días trae nuevos sinsabores, lo del “anys empeny” suena a más de lo mismo incluso en Balears, tan dados sus habitantes al “i tu, què faries?”. Ojalá que el alejarnos de los asuntos mundanos diera resultado, o que, tras reconocer en la plaza pública que somos un paquete de esfuerzos inútiles, se siguiera la dación en pago, por ley, y la eliminación del Senado para empezar. Pero no parece que por sentarnos y esperar a que amaine junto a banqueros, políticos y bárcenas varios, vayan a penarse las sinvergonzonerías o disminuir las listas de espera en sanidad, así que igual resulta un tremendo error emplear el dichoso refrán de los tatarabuelos en vez de plantearse acciones más allá de la algarabía marianista. Me refiero a incorporarse a movimientos organizados, a denuncias colectivas, a pinchar donde más duele y me excusarán que no entre en detalles. El caso es impedir, parafraseando a Walter Benjamín, que sean ellos quienes hagan la historia en exclusiva; ponérselo tan crudo que deban abandonar zaguán y sofá-cama. En esa línea, lo primero es rechazar el fatídico anestésico que supone actuar en la creencia de que “qui dies passa, anys empeny”. Porque no reza con la mayoría, mal que nos pese. Ahora que ya se acabaron los festejos de Sant Sebastiá, piensen en ello. Porque nos jugamos demasiado.

     

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