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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 25
    Enero
    2014

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    Primarias abiertas. ¿Demasiada democracia?

    El comité federal del PSOE confirmó hace ocho días lo que había anunciado el pasado noviembre: unas elecciones primarias abiertas para elegir su candidato a la presidencia del Gobierno, y un procedimiento extensivo a las comunidades autónomas (CC AA) que así lo decidan. En tal caso, la condición de militante dejaría de ser imprescindible y cualquier ciudadano que acepte los requisitos —inscripción en un censo, compromiso explícito con ciertos principios y abono de dos euros— podría participar en la votación.


    La apertura cuenta con precedentes en el propio partido (años noventa) y en otros países: en la izquierda de Bersani, en Italia, o en Francia, donde Hollande se impuso de este modo. Y supone tal espaldarazo a la democracia que ojalá permease el proceder de otras formaciones políticas, porque ejemplifica la conocida frase de Elías Canetti: “Nadie sabe lo que es bueno, pero sí sabemos lo que sería mejor”. Sin duda, es mejor promover la participación social, airear los compromisos y someterse a un escrutinio popular que legitime el resultado y potencie la vinculación con la ciudadanía. Admitiendo incluso, como alguien dijo, que cualquier poder es siempre una usurpación, sería deseable el máximo consenso sobre quien lo personifique; el voto ampliado mitigaría la actual desafección por líderes y estructuras de funcionamiento tradicionalmente endogámico, de tintes oligárquicos y cuyas veleidades no suelen hallar adecuada respuesta por parte de la militancia subordinada y una sociedad inerme frente a los manejos que retroalimenta el intercambio de favores y prebendas.

    Se trata, en suma, de una iniciativa ésta que lleva aparejado un plus de regeneración democrática, y si bien no es previsible un cambio de criterio por lo que hace a la forma de elegir el candidato para el gobierno de la nación, el próximo noviembre, las elecciones autonómicas programadas para septiembre ya son harina de otro costal y, sin haber puesto todavía el cascabel al gato, ya se conocen, o intuyen, dudas y titubeos que podrían inducir a que, en algunas CC AA, los socialistas —sus dirigentes— se bajaran del carro y nombrasen su candidato/a del modo habitual, amparándose en lo exiguo de la población (menos de un millón y medio de habitantes, que podrían establecer como línea de corte) o de su militancia (por debajo de los 5.000 afiliados; menos de 2.500 en Balears), cifrada para el Estado en unos 220.000.


    No parece que el volumen poblacional o una escasa afiliación debieran ser obstáculo para abrir el proceso electoral a quienes manifiesten su deseo de participar en el mismo sino todo lo contrario, ya que la representatividad del finalmente elegido/a se vería reforzada en paralelo con el aumento de votos. Asimismo, otras reticencias que se han insinuado aquí, allá y acullá, tienen también los pies de barro. En lo que respecta al ámbito externo del partido en cuestión, se ha citado en foros extrainsulares (ignoro al escribir estas líneas si también aquí, en la reunión mantenida ayer por la Ejecutiva y el consell polític) la posibilidad de una manipulación mediática que pudiera favorecer al candidato menos idóneo (¿a ojos de quién? ¿De los actuales dirigentes?), sin descartar que simpatizantes de otras formaciones pudieran, con sus votos, aupar a quien más conviniese a sus intereses y menos al propio PSOE; una eventualidad que, en cualquier caso, no sería privativa de ninguna CC AA en concreto y, de antojarse verosímil, desvirtuaría cualquier elección abierta, incluyendo la prevista para designar el candidato/a al gobierno de España.


    Por lo que hace a la dinámica interna del propio Partido, se ha sugerido que los militantes del mismo podrían sentirse postergados por la ampliación del voto (en poco parecen tener sus convicciones democráticas), aunque otras prevenciones apuntan al interés de algunos por perpetuar unas estructuras burocratizadas en su propio beneficio. Así, las primarias abiertas podrían restar posibilidades al candidato oficial, designado por la cúpula dirigente —¿pero no se trataba de sintonizar con el sentir mayoritario?—, fomentar la división interna (lo que tiene su miga, porque de lo que se trataría es de acabar con la homogeneidad si ésta no responde al deseo de una mayoría progresista sino al de los instalados sine die), o, por citar otra pega, que resultase finalmente elegido un cabeza de lista antipático/a para los que hasta ese momento tenían la sartén por el mango, aunque se antoje cuestión ésta de nulo interés para la sociedad a quien se deben, y que facilitaría la remoción, si así resultara tras la votación, de cargos y carguitos.

    En resumen: a partir del proyecto y las supuestas pegas, todo por ver; en las elecciones generales y también por lo que concierne a los candidatos/as del PSIB para la presidencia de esta comunidad. Sólo cabe esperar, en su propio beneficio (el nuestro dependerá de la credibilidad que concedamos al programa y sus garantes), que no se equivoquen. Porque volver a las andadas, a comerlo y guisarlo en privado tras las expectativas fomentadas, les iba a hacer un flaco favor.

     

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