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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 08
    Marzo
    2014

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    Políticas de marcha atrás

    No me refiero a la adopción de medidas sin el deseable consenso; leyes de amplia repercusión y que debieran estar blindadas frente a los vaivenes políticos y modificadas tras debate por parte de expertos sin mediatizar: la ley de educación, sanidad universal, regulación de la inmigración, el TIL… Y tampoco aludo a las que se han fundado en mentiras flagrantes (caso de la guerra de Irak), sino aquellas de las que se retractan al poco los propios autores, al modo de un coitus interruptus que se diría iniciado alocadamente y para joder, que no por conseguir placer y valor añadido.


    Es cosa que viene de atrás, aunque parece que en los últimos tiempos se haya acentuado la tendencia a interrumpir el acto. Quizá a resultas de la imprevisión y tras percatarse, cuando ya metidos en faena, de que los resultados podrían diferir de los apetecidos. Terminar el asunto en un embarazo, por seguir con el símil, y después a ver qué hacen con Gallardón de por medio. Se trata de modos propios de gente incapaz, sin ciencia ni experiencia por plagiar a Gracián; aficionados en busca de inspiración cuando lo que hacemos la mayoría es, tras levantarnos, ponernos a trabajar (Philip Roth dixit). Claro que, de ser interpelados al respecto, tal vez respondiesen que está lloviendo, en línea con su jefe. O que “todo es falso salvo alguna cosa”, aunque sean demasiadas como para despacharlas a lo Bárcenas: destruyendo los discos duros y mirando hacia otro lado.
    El decir digo y al poco Diego, planea sobre la reforma de la ley del aborto y ahí están, disidentes en sus propias filas, desde Celia Villalobos a los presidentes de Cantabria, Extremadura o Galicia. Y algo parecido sucede con el copago hospitalario, de cuya implantación (un inaceptable atentado sin ahorro económico apreciable) se desmarcó la propia Cospedal. Sin embargo hay más; muchos más “clímax” frustrados. Orgasmos fallidos o, si se tratara de avanzar con base en el método de ensayo-error, reparan en el error al tiempo de iniciar el ensayo y así una y otra vez, lo cual da que pensar y podría obedecer a una evidencia que les sigue pasando inadvertida: la de que nunca se va tan deprisa como cuando no se sabe a dónde se va.


    Y para que los susodichos no se vean forzados a “desmentir manipulaciones maliciosas y fin de la cita”, veamos algún ejemplo, aquí o en Madrid. Iban a cerrarse algunos centros hospitalarios, Juan March y el Hospital General, aunque resultó que no. Con el pago de las ambulancias por parte de los usuarios iría lo comido por lo servido de modo que ya me dirán, y en cuanto al compromiso de pago que debían firmar los inmigrantes para conseguir la oportuna atención médica, se corrió un tupido velo tras el fallecimiento de uno de ellos en circunstancias aún por aclarar debidamente. Pero si quieren más fiascos en el ámbito sanitario, recuerden las abortadas privatizaciones en Madrid, que han frustrado las expectativas económicas de algunas empresas del ramo, amén de las de los ínclitos Güemes y Lamela, impulsores del dislate cuando en cargos públicos. Y el ensayo-error viene de antes, sí (la fallida Ecotasa es paradigmática), pero desde entonces, la marcha atrás es consustancial a las relaciones del Poder con quienes son sujetos inermes de sus enfermizas pulsiones, lo que provoca un aumento de las cotas de ansiedad, las nuestras, hasta límites intolerables. Porque no todo ha de ser probatura y, de resultar inaceptable, a otra cosa mariposa. Sin explicación ni asunción de responsabilidad alguna por su demostrada inepcia.

    Desde la cambiante legislación urbanística (¿y el bulevar de Burgos?) a la política interior, es la dirección del viento el riguroso parámetro que emplean para determinar sus directrices. Así, Rajoy estaba dispuesto a dialogar con Artur Mas y al poco que ni pensarlo. Y ¿sabe alguien qué fue del intento por restringir los alquileres turísticos de pisos privados, tal y como convenía a unos hoteleros que en las áreas de su interés son quienes marcan el ritmo de la fornicación y su final? También queda, para el historial del aquí me saco un as de la manga y luego ya se verá, la cotización a la Seguridad Social por parte de quienes contratan servicio doméstico a tiempo parcial; el anunciado canon sobre los envases en los supermercados y, por no abundar en lo nimio, como podrían objetar, cabrá mencionar esas peticiones de indulto, por parte de corruptos reincidentes y condenados, que retrasan sine die el cumplimiento de la condena, lo cual es el mejor ejemplo de polvo para la galería. Aunque termine en nada o, para cuando el tribunal decida, los gobernantes estén ya en otra cosa: asalariados de cualquier multinacional agradecida y en ese caso no atenderán a monsergas, o bien, asegurarán, atentos, más allá de nuestros desacuerdos por tanto lodo sin polvo que merezca tal nombre, a “frenar la erosión de la imagen de España” (Rajoy, el 1 de agosto de 2013). Y de nuevo, ahora por última vez, fin de la cita. Que no de la marcha atrás, me temo. ¿Y si probasen con el Ogino? Ya saben: el método del calendario.

     

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