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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 02
    Noviembre
    2014

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    Podemos: ¿qué y cómo?

    El atractivo que la formación Podemos ejerce sobre un número creciente de ciudadanos (el broche, la última encuesta del CIS sobre intención de voto), obedece a razones obvias: han capitalizado la frustración e indignación imperantes y verbalizan con propiedad lo que muchos sentimos. La capacidad para el debate de sus líderes más conocidos, desde Pablo Iglesias a Errejón, Bescansa o Monedero, está fuera de cuestión, y concitan adhesiones siquiera por contraste con la opacidad a que nos tienen acostumbrados los de “la casta”.


    Acabar con la podredumbre y promover mayor justicia social como preconizan, no supone un discurso original, pero salido de sus bocas, de una organización que nació transversal y en principio sin camarillas ni transacciones bajo mano, resulta creíble. Así pues, me parecen de corto alcance esas descalificaciones (bolivarianos, filoetarras…) con que los instalados, inquietos por una deriva que puede socavar su estatus, pretenden segarles la hierba. Por lo demás, la reciente asamblea ciudadana, con más de 130.000 inscritos, ha refrendado con más del 80% de los votos el modelo que preconizaba el equipo de Iglesias: consejo ciudadano y un único secretario general, esquema que acerca el inicial asamblearismo a un organigrama de corte más tradicional y también, en mi opinión, más operativo. No obstante, patentes las posibilidades electorales por la sintonía que propician —y no dudo de su sinceridad—, cabe preguntarse por lo que vendrá después si acaso accediesen al poder y, en esa línea, los interrogantes podrían adscribirse a dos ámbitos: su postura si sólo mediante coaliciones (la atomización de las fuerzas progresistas va en aumento) pudiera sustituirse a la derecha en los gobiernos central y/o autonómicos, y cómo se concretarían unas propuestas que en ocasiones se tiñen con colores de eslogan y dificultan la aceptación de su viabilidad.

    Respecto a lo primero, no es plausible que ninguno de los Partidos actualmente en la oposición, e incluyo también a Podemos, alcance mayorías absolutas aquí, allá o acullá, y con independencia de que los cócteles con demasiados componentes pueden convertir la acción de gobierno en un esperpento, se plantea un escollo previo; ¿sería posible la alianza a dos o más bandas? La emergencia de Podemos no contribuye precisamente a facilitar las cosas aunque no pueda achacársele esa presunta dificultad en exclusiva, pues si bien ha advertido a I.U sobre la inconveniencia de una alianza futura con el PSOE en Andalucía, no cabe olvidar que este último — sin levantar cabeza pese a Sánchez— tampoco está a priori por los pactos, sin que se adivine cuál es la alternativa que puedan manejar sin caer en la utopía.


    Por lo que hace a la conversión de frases en hechos, tampoco Podemos ha ofrecido un terreno sólido bajo los pies, y es que terminar con los ladrones en la política, con acosadores sexuales, pederastas, delitos ecológicos o urbanísticos, como afirmó Monedero en su día, suena muy bien, pero, ¿cómo se haría? En la misma tónica, eliminar el copago sanitario, reestructurar la deuda pública o reforzar los juzgados de instrucción —y derogar la Lomce, aunque en eso no se diferenciaría de lo que hace cualquier partido respecto a la ley de educación vigente, en cuanto llega al poder—, son todas cuestiones con un coste que deberá cuantificarse, lo cual está pendiente hasta donde sabemos. E inquieta porque una cosa es el diagnóstico, el enunciado de objetivos seductores, y otra distinta estar en condiciones de costear el oportuno tratamiento.


    Hasta el presente, repito, hemos asistido a un elaborado discurso pleno de vaguedades y matizaciones para lograr un latido acorde con el de la mayoría, votantes o no; sin embargo, la manifiesta voluntad de estar al diapasón con un colectivo más que harto de mangantes, no es garantía suficiente de que pudiesen poner esos puntos que preconizan sobre las oportunas íes. Son de izquierdas, pero “Hay que ganar el centro”; ¿renunciando a la ideología como ya ha hecho el PSOE? Comenzaron siendo un movimiento horizontal y de cariz populista, aunque se hayan verticalizado después y, en cuanto a un pueblo que podrá discutir sus políticas según aseguran, los intereses encontrados frente a determinadas propuestas podrían suponer un lastre, porque las decisiones no las tomará “la gente, toda la gente” (de nuevo Monedero), sino quienes compartan mayoritariamente cada decisión, y eso termina por dejar huella en los perdedores. Porque no convendrá olvidar que la corrupción no sólo anida en las altas instancias, y defender el propio interés (demasiadas veces inconfesable: desde el IVA eludido a una productividad francamente mejorable) no es privativo de los poderosos.

    En mi opinión los veremos arriba, y entonces podrá analizarse cómo se transforma lo que el pueblo quiere oír en decisiones que jamás contentarán a todos. Pese a ello, la apuesta tiene su qué y, a día de hoy, ya no hay quien les haga sombra. De no ser cualquier alianza contra natura. Que podría ocurrir, si la “casta” se rebela.

     

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