Blog 
Contar es vivir
RSS - Blog de Gustavo Catalán

Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


Archivo

  • 08
    Junio
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Para albergar la decencia no quedan plazas

    La avaricia se ha hecho con todo el escenario. O eso es, cuando menos, lo que transpira (y lo digo por el mal olor) la Federación Hotelera de Mallorca (FEHM) por boca y axilas de su presidente, Aurelio Vázquez. Y es probable que muchos de los representados no estén de acuerdo con la estrategia aunque, en tal caso, harían bien en hacer notorias sus diferencias. Por mera dignidad.


    No obstante, el cinismo y desvergüenza que tiñen los argumentos de la FEHM no son cosa de hoy, lo cual da que pensar. ¿Recuerdan la ecotasa? Fue derogada a sus instancias, hace más de diez años, porque “podría disminuir hasta en un 5% la afluencia turística” (¡por tener que abonar el equivalente a lo que valía una cerveza!) y, según afirmó Pere Cañellas en la cena de Navidad, iba a suponer un coste equivalente al 15% de sus ingresos. Deben creer, como los escépticos de la antigua Grecia, que es imposible demostrar la verdad de nada y, con esa premisa, pueden vestir sus ocurrencias de preocupación por el bien común (consideraciones medioambientales, justicia social…), lo que suavizará, en su percepción, ése meterla doblada que preside sus propuestas.

    Así enmascararon el discurso cuando el propio Aurelio Vázquez clamaba, en agosto de 2013, contra el alquiler de viviendas plurifamiliares a turistas; la isla podría masificarse, con el deterioro ambiental consiguiente (¿de verdad le inquieta? Y es que cabe una razonable duda cuando uno pasea por las playas: las de Magalluf, por no ir más lejos) y, encima, esos alquileres que amenazan un monopolio que defienden con uñas y dientes, aumentarán la competencia y, como efecto indeseable, caerán los precios. Pero vamos a ver: ¿acaso su ideología, liberal por llamarla de algún modo, condena la competencia? A no ser que su defensa no pase de la abstracción y, cuando se desciende al terreno que les afecta, ¡pocas bromas! Porque entonces su visión se carga del pragmatismo que justifica un “todo incluido” que también supone un atentado a la competencia, pero a la del vecino: a unos bares, restaurantes y salas de fiestas que pueden verse abocados al cierre por falta de clientela. Sin embargo y como todos sabemos, no es lo mismo predicar que repartir el trigo; un trigo que algunos se llevarán para sembrarlo en el Caribe o lugares parecidos. Para aumentar allí la competencia, imagino, al tiempo que evitan aquí esa masificación que tanto les aflige.


    Y por seguir con las pajas o las vigas en según qué ojos, no es sólo el deterioro de la imagen turística que puedan suponer los alquileres de pisos por parte de particulares lo que preocupa a Aurelio Vázquez y su vicepresidenta Inma de Benito, sino la opacidad fiscal (el Caribe no cuenta) o la precariedad laboral en que pudieran desembocar tales prácticas. Todo eso es lo que desde la FEHM se quiere evitar y de ahí su facilidad para enviar al paro a los fijos discontinuos, desconocida en otros ámbitos, o el espíritu que preside esas cincuenta propuestas defendidas en Madrid pese a la contestación interna, el abierto enfrentamiento con la patronal de la restauración o la inoportunidad en el inicio de una temporada que se augura excelente. Pero todo sea por no resistirse a la tentación permanente de los seres humanos por caer en la mezquindad (Chesterton), aunque quepa otra lectura que es precisamente la que hacen estos illuminati, una sociedad —sin nada de secreta, a diferencia de la original—, la FEHM, para la manipulación del poder a la medida de lo que se trata: forrarse y, cualquier otra consideración, un mero subproducto.


    En esa línea, y para favorecer el crecimiento (el suyo, obviamente), se vetará a cualquier otro que pretenda un trozo del pastel siquiera para malcomer (restaurantes o locales de ocio más allá de las paredes de sus propios establecimientos), y se reducirán o abolirán los impuestos que les afectan: IVA, sucesiones, patrimonio… El empleo, y el consumo de él derivado, se fomentarán reduciendo los salarios hasta en un 20%, abaratando el despido (ocho días de indemnización) y externalizando plantillas, todo lo cual sin duda ha de incentivar una mayor y mejor formación profesional para acceder a las ofertas de trabajo con alguna posibilidad, y es que ya basta de comer la sopa boba creyendo, los asalariados temporales, que todo les es debido. Esto no es sino sana competencia, y no entre empresas sino entre individuos que es por donde hay que empezar: por los cimientos. Y para la transpiración de que hablaba al principio, pues se orea el hotel a final de temporada, antes de cierre y despidos, y a otra cosa.

    Ahora se andarán, afectados y comentaristas de tres al cuarto, con que si las iniciativas de Aurelio e Inma son extemporáneas, que si una huelga en plena temporada podría deteriorar la imagen y ser un traspiés para la competitividad con que se llenan la boca, que la justicia social que esgrimían contra los alquileres de pisos no parece inspirar el trato para con sus precarios empleados… Pero no aludirán a que, para salir de la miseria, se precisa del sacrificio de muchos. Pero no de todos. ¡Faltaría más!

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook