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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 06
    Abril
    2013

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    PALMA ARENA: UN PARADIGMA MÚLTIPLE

    Llevaba tiempo diciéndome que debería visitarlo. Siquiera para percatarme de cómo lucía la madera de pino siberiano con que construyeron el velódromo (es bien sabido que, con otra de árbol más cercano, habría resultado mediocre) y, de paso, aprender del trabajo ejercido a destajo y en pleno hacinamiento. Porque albergar competiciones sin cuento y ser además sede de la conselleria de Deportes, puerto y aeropuerto, amén de otras instalaciones, se las trae.


    Pero fue como entrar en una tumba: un enorme hipogeo donde se hubieran enterrado esos casi cien millones de euros; el doble de los inicialmente presupuestados. Y digo mal: emparedados más bien, porque en nuestro deambular no alcanzamos a divisar montón alguno de dinero ni tampoco cadáveres, que bien podrían haber enriquecido el lugar (moldeados en cera o tallados en pino de Ucrania para un mejor maridaje con el continente) y añadido, a esos 90.000 m2, un plus didáctico. Las efigies de Matas, Urdangarín y tantos otros, convenientemente manipuladas a fin de subrayar los rasgos que mejor los definen, dedos para el hurto o mirada huidiza, concentrarían la atención de los escolares; el maestro disertaría frente a ellos para la docencia moral, y las voces de unos y otros poblarían el recinto que buena falta le hace.


    Sin embargo, nada de eso, y es que la imaginación de los autores debió quedar exhausta entre pinos y ascensor, hoy, y seguramente por su uso prolongado, ausente de la explanada. Un silencio sólo ocasionalmente violado se enseñorea del lugar y agranda en los oídos del paseante, al doblar cada esquina, los ecos del pasmo. En la primera planta, el Consorcio de la Playa de Palma; sobre la cafetería, el Museo del Deporte, y ni un alma entre bicis y camisetas de indudable interés para la cultura de la ciudadanía: esa que permite contextualizar y entender el significado oculto de los aparentes despropósitos. La Biblioteca del Deporte sin lector alguno y el bibliotecario se afanaba frente a su ordenador, aunque no podrá catalogar la mayor parte del contenido (procedente de una donación) hasta pasados cinco años. Entretanto, ocupar sus horas en contabilizar los visitantes y resolver sus dudas va a suponer un verdadero estrés. Y luego habrá quien se extrañe de que el consumo de antidepresivos vaya en aumento.

    Los múltiples despachos que siguen, para las Federaciones más variopintas, permanecen cerrados para no desmerecer del entorno. Federación de baile deportivo, de colombofilia, espeleología o tiro con honda... Nadie a la vista, e ignoro si es así porque están cerradas o es justo al revés y han echado la llave por la nula frecuentación. En cualquier caso, reparé en los horarios de apertura al público; una de ellas, dos horas un solo día al mes. Federación necesaria sin duda, aunque las que abren de uvas a peras no le vayan a la zaga. Un crujido me hizo levantar la vista, pero tampoco nos sobrevolaban las ausencias; ni siquiera fantasmas, porque quienes se lucraron merced al desatino deben estar en otras cosas. Debió ser un ratón, e inmediatamente me pregunté por qué el señor Carlos Delgado, de Turismo y Deportes, no se alojaría aquí. Hay espacio para él y cuantos asesores se le antojasen, que solían ser muchos en el pasado. Por lo demás, la altura de los techos permite pasear erguido, e incluso con cualquier aditamento sobre la cabeza si acaso regresara de alguna excursión cinegética.
    Tras un repaso del velódromo y el éxtasis consiguiente, tomé asiento para digerir lo visto e imaginar utilidad a una estructura que parece existir únicamente para su mantenimiento. Instalar allí el Museo de la Corrupción sería lo adecuado, aunque a medio plazo se revelaría insuficiente. De momento es exponente de ineficiencia, y más si supiéramos a cuánto ascienden los gastos fijos; es también paradigma de dilapidación, de inutilidad, con barrido y fregado incluidos, y de hipocresía. Patrick McKay, presidente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), afirmaba en 2008 que se trataba de uno de los mejores velódromos del mundo, aunque en 2009 no fuese homologado por la propia UCI a causa de sus múltiples deficiencias. Y aún sin haberse solucionado éstas y por buscarle un destino positivo, ¿por qué no ubicar en él a algunas consellerias? Da que pensar la proliferación de enormes edificios sin uso definido (Son Dureta, Gesa…), así como otros en los que podría cuadruplicarse la actividad sin que los funcionarios llegasen a verse las caras. Sanidad en la Rambla, en el Camino de Jesús, en la plaza de España, en la calle Blanquerna… De reunirse los servicios, se terminaría con una diáspora que costará lo que no está escrito (ya se guardan de hacerlo), los ciudadanos sabrían por fin dónde acudir e igual, con la venta de algunas de estas sedes tras su desalojo, no haría falta gravar con nuevos impuestos los envases. Y podrían disminuir las listas de espera.

    Ya sé que las sugerencias caerán en saco roto como tantas otras, pero es que, tras visitar el Palma Arena, las ideas se vienen solas. ¡Qué le vamos a hacer!

     

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