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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 02
    Noviembre
    2013

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    Marihuana: también legalizada en Uruguay

    Desde que en 1976 se decidiese en Holanda su legalización limitada, la proscripción se bate en retirada, y Norteamérica es el mejor ejemplo a partir de su aprobación en California hace 17 años. Hoy, su uso sanitario ya es legal allí en 20 Estados a más del Distrito de Columbia, y el uso lúdico (otros lo llaman recreativo) se permite actualmente en los de Colorado (desde noviembre de 2012) y Washington.


    Bélgica y Argentina también permiten el cultivo para consumo propio y, desde finales de julio del presente año, Uruguay autoriza producción y venta en farmacias, aunque la votación auspiciada por su presidente, José Múgica (bajo cuyo mandato se ha aprobado también el aborto en determinadas circunstancias, así como el matrimonio homosexual), fuese por lo demás ajustada: 50 votos a favor frente a 46 en contra y 3 ausencias. Al igual que sucede en otros países, el Estado regulará de forma estricta su cultivo y distribución: quienes planten para su propio uso no podrán superar las 6 plantas, al igual que sucede en Colorado, y podrán disponer como máximo de 40 gramos al mes (30 gr. en Holanda, 28.5 gr. en USA). A partir de estos datos, es pertinente preguntarse por las supuestas propiedades medicinales de la denostada planta, así como las razones que justifican una despenalización para el libre consumo y sobre la que se han pronunciado, favorablemente, desde la OEA a los ex presidentes Tabaré o el de Méjico, Vicente Fox, y desde Vargas Llosa o Kofi Annan al propio Obama.


    En cuanto a lo primero, los beneficios del Tetrahidrocanabinol (THC) para ciertos síntomas y dolencias son ampliamente reconocidos, aunque la investigación clínica se haya visto tradicionalmente dificultada por sus connotaciones. Se ha demostrado útil para disminuir las náuseas que suelen acompañar a los tratamientos de quimioterapia, como he podido comprobar incluso antes de que fuese comercializada en forma de cápsulas (Nabilone), y su efecto analgésico ha sido reconocido oficialmente en USA por la Administración de Veteranos y aprobado su uso en aquellos Estados donde es legal. Asimismo, el THC disminuye la presión intraocular, por lo que podría ser un fármaco a considerar en el tratamiento del glaucoma, y muchos estudios en animales sugieren –a falta de ensayos clínicos con adecuado seguimiento- su eficacia en el tratamiento de la Miastenia y la Enfermedad de Alzheimer. Con este pedigrí, es obvio que, a no tardar, el THC pasará a convertirse en un recurso terapéutico universal.

    Por lo que respecta a la liberalización del consumo –y siempre que la población disponga en paralelo de la adecuada información, como ocurre con tabaco o alcohol-, las ventajas son evidentes, más allá del dogmatismo que traducen las opiniones de la Iglesia (el Papa se manifestó contrario a la liberalización, en su reciente visita a Brasil) o de los sectores sociales más conservadores. Sin embargo, a los argumentos en favor de la prohibición les falta el refrendo de los datos. En Holanda no ha aumentado la adicción con relación al resto de Europa, y cerca de un 80% de la producción se exporta a países próximos donde está vetada. En cuanto a que el uso de drogas “blandas” estimule la transición hacia las “duras”, tampoco está comprobado. A modo de ejemplo y según informes, los heroinómanos en España multiplican por tres a los holandeses.


    En Uruguay, Múgica ha afirmado que “Se trata de terminar con la clandestinidad y tener un mercado a la luz del día”. Un mercado, por cierto, que el veto regala a mafias y cárteles, cuyos beneficios se obtienen a partir de la marihuana en porcentajes que oscilan entre el 25 y 50%. La regulación legal, a más de no estimular a lo que parece el consumo, desplaza hacia el Estado las ganancias de las organizaciones clandestinas, lo que no se antoja cuestión menor. En 2005, la ONU calculaba que el comercio mundial de marihuana superaba los 110.000 millones de euros, y que dicha cantidad aflorase y estuviera sujeta a impuestos parece de todo punto deseable. Por seguir con Uruguay, se cifra en un 5.5% la población consumidora, y con una venta regulada, a 2.5 dólares/gramo, como se prevé, puede calcularse lo que el Estado podría ingresar.


    A la vista de todo lo anterior, no parece oportuno que la eventual legalización, con producción y venta reguladas y supervisadas, se despache de un plumazo y sin antes balancear con rigor riesgos y beneficios. Esto es precisamente lo que se viene planteando en otros países, y tal vez fuese de interés que Europa comenzara a estudiar la posibilidad de una legislación Comunitaria al respecto. Desde luego, alumbraría un mejor futuro que el que supone seguir, en años venideros, con iguales recortes y anteojeras.


    Y es que no está el horno para bollos. Obama o Múgica, entre otros, ya se han percatado. Claro que si hablamos de Rajoy y Rouco Varela, es harina de otro costal. Y la dedican, valga la metáfora, a confeccionar los bollos para su propio consumo.

     

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