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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 14
    Septiembre
    2013

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    Mañana, tal vez, la educación en suspenso

    Cuando escribo estas líneas se mantiene el anuncio de una huelga indefinida por parte de los docentes que, aunque finalmente se desconvocara, invita a iguales reflexiones y es que, en suspenso o no la educación, el suspenso sobre el tema que merece el Govern es anterior. Y no parece sencillo revocarlo.


    No sé qué tendrá la educación para que en cada legislatura se dirima la conveniencia de su reforma. La crisis afecta también a la sanidad y llama la atención que, en ambos casos, se trate de colectivos que, directamente, no pueden responder al ninguneo como se merece. Me refiero a niños y adolescentes, a enfermos y presuntos, que son quienes padecen en buena medida las ocurrencias de una gestión que muchas veces sólo se plantea tangencialmente lo que debiera ser prioritario: la eficacia o, si prefieren, la eficiencia en la consecución de unos objetivos (aprendizaje, conservación o recuperación de la salud) que pueden incluso relegarse, subordinados a intereses espurios o a creencias con escaso fundamento. Y ya saben aquello de que sólo los imbéciles están más orgullosos de sus creencias que de la justeza de sus argumentos. Si sumamos a lo anterior la facilidad con que disfrazan sus decisiones, mintiendo sin rubor llegado el caso, dispondremos de las claves para interpretar mucho de cuanto sucede.

    Por lo que hace a la educación y en el ámbito estatal, recuerden a Wert, el pasado mayo, asegurando que dejaba los elementos estructurales de la enseñanza “a resguardo de los vaivenes políticos”. Lo mejor de la Lonce es “una mayor autonomía de los centros y la transparencia de los resultados”, decía, y el ataque a las lenguas cooficiales, “falso de toda falsedad”. En la misma tónica de consenso y transparencia, sin duda. La misma que justifica enseñar ese “saber científico, orgánico y estructurado” que es la religión al decir de los obispos, o el TIL (Tratamiento Integrado de las Lenguas) en nuestra comunidad y cuya implantación, que afectaría este año a 36.000 alumnos, ha motivado la amplia contestación que culminará en la huelga anunciada.


    También aquí ha primado “el consenso y diálogo con todos los sectores afectados”, como aseguran desde la conselleria correspondiente y, por eso, los miles de profesores en desacuerdo, la federación de padres de alumnos o unos órganos consultivos, desde los consejos escolares al consell consultiu, cuyas opiniones se han pasado, los responsables de lo que no es imposición sino amplio acuerdo, por el arco del triunfo. De ahí los expedientes disciplinarios a los directores de centros que hicieron patente su discrepancia, aunque no fuese la conselleria quien los había incoado sino los inspectores y, al poco, rectificación y sí: se trató de la dirección general de Planificación, con lo queda meridianamente clara la incuestionable sinceridad que informa cualquiera de sus juicios: que no ha lugar a protesta alguna, sea por el TIL, los centenares de profesores despedidos o los recortes a los colegios, y que los millares de firmas, cuestionando su proceder, son una falta de respeto al esfuerzo que ha supuesto consensuar que el TIL se implante “sin vuelta atrás” y así lo diga el propio Tribunal Superior de Justicia, que al suspender el pasado día 6 su aplicación, no ha hecho sino alentar un nuevo decreto ley con carácter de urgencia y en aras a preservar diálogo y transigencia contra viento y marea. Y a quien no le guste, taza y media.


    Extraña semejante obstinación (consensuada y tolerante, eso sí). Esa prisa en aplicar una ley cuya supuesta intención, a saber, mejorar la competencia en los dos idiomas cooficiales y el inglés, nadie cuestiona, aunque sí la metodología y el calendario. Y llama la atención que los interrogantes sobre la capacitación idiomática del profesorado en una primera fase, o unas características sociolingüísticas heterogéneas del alumnado que tal vez necesiten de aproximaciones diferenciadas, al igual que los centros escolares, hayan provocado semejante desencuentro que es, ¡faltaría más!, fruto de la mejor voluntad. Por eso, quizá, haya algo más que a la mayoría se nos escapa, y de ahí la urgencia por sortear el fallo judicial aunque los resultados, a medio plazo, puedan estar en sintonía con lo que sucede a los jóvenes, la mitad en paro, o a los enfermos: en lista de espera y en espera de la divina providencia.

    En semejante tesitura y frente a un consorcio de embusteros transparentes, educar para la resistencia, como sugería Adorno, puede ser la única alternativa. Y hay que predicar con el ejemplo. Sin embargo, la huelga compromete la nómina del profesorado (que no debe estar para dispendios), afecta a la dinámica de las familias y al aprendizaje de los alumnos. Por ello, un principio de acuerdo sería bien recibido por todos y, de no vislumbrarse, quizá el paro indefinido pero limitado a un día por semana, o un par de días al mes, podría tener mayores garantías de continuidad, preservando la supervivencia de unos y erosionando la prepotencia de los otros en mayor medida. Sin necesidad de pasar hambre o retrasar la alfabetización de nuestros niños. Es sólo una opinión.

     

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