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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 25
    Febrero
    2013

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    Luces y sombras del aún Papa

    En este país, el panegírico sólo se universaliza –o casi- a partir del funeral. O de otra forma de morirse un poco, la dimisión, en el caso del Papa Benedicto XVI que en cuatro días abandonará el cargo.


    Hasta el 11 de febrero, día del anuncio, se trataba de un Papa de perfil conservador gestionando, con escasa fortuna a la vista de los resultados, una iglesia que ha ido perdiendo (siquiera por estas latitudes, donde es patente el avance del laicismo) influencia social hasta desembocar en un mediocre presente. Y si bien es justo reconocer que en sus ocho años de papado siguió en buena medida el consejo de un clásico: dedicarse a la lectura cuando las cosas vienen mal (Stendhal en “El Rojo y el Negro”), los textos que frecuentó (muchos, según dicen) no parece que le hayan sido de ayuda para una mejor sintonía con el progreso del mundo. Heredero de una tradición represora -no olvidemos que antes de ser elegido estuvo al frente del Santo Oficio, una deriva de la Inquisición-, acabó con la teología del post-concilio Vaticano II y, desde el sitial petrino, ha mantenido una oposición sistemática a sustanciales avances científicos o sociales, desde la investigación sobre células madre o el uso del preservativo frente a la propagación del SIDA, al aborto en cualquier circunstancia o contra el matrimonio homosexual que, en su criterio, “Abre la vía a la deshumanización” (?).


    Se ha hecho énfasis en días pasados sobre su poderosa inteligencia, pese al inmovilismo de que ha hecho gala (Hans Küng) y a que la fe, como alguien dijo, empieza donde termina el pensamiento. Con las excepciones que quieran. Por lo demás, algunas de sus declaraciones no se alinean precisamente con el razonamiento (el lógico, único que merece tal nombre) ni con evidencias contrastadas, lo cual no deja de sorprender en una mente presuntamente estructurada. Que el mundo “haya perdido el sentido del pecado” (marzo de 2008) puede ser tan verosímil como la afirmación contraria y, en ambos casos, sólo una opinión. Más cuestionable es que los sacerdotes “reciban su misión de los ángeles” (2010), porque, de ser así, a algunos de los alados habría que reciclarlos a la vista de los resultados. Y el “No tengáis miedo porque Cristo ha resucitado”, sin duda tranquilizará mucho a las familias pendientes de desahucio.


    Por sus aseveraciones, parece haber conseguido la feliz armonía del pensamiento con mitos y otras lindezas. Algunas son de difícil digestión con la mejor voluntad (“La fe orienta la razón en su apertura a lo divino”) y otras no se sostienen desde una perspectiva meramente fisiológica. Porque la limosna, el ayuno y la plegaria, serán caminos para regresar a Cristo según afirmó en su última misa, pero siquiera la segunda práctica puede llevar a la hipoglucemia, y con el desvanecimiento y el azúcar por los suelos cualquier visión es posible. Y asegurar –Ratisbona, 2006- que “La teoría de la evolución es irracional porque sin Dios las cuentas no cuadran para el hombre”, no parece contar con evidencias científicas de nivel I, aunque de haber apuntado que sí cuadran para los Bancos, podría haber aportado mayor credibilidad a su ocurrencia.


    Con todo, quizá ha sido su lucha contra la pederastia de los curas y los turbios manejos de la Santa Alianza en el Vaticano, las cuestiones terrenales que, analizadas con esa perspicacia que muchos le atribuyen, hayan propiciado su abandono. Cierto que declaró “tolerancia cero” con la primera, pero fue cuando los abusos por millares aquí, en USA, Irlanda o Australia, empezaban a ser un escándalo público, y si puede anotarse en su haber la retirada del fundador de los Legionarios de Cristo, en el “debe” podría cargarse el hecho de que, antes de ser Papa, evitase la destitución del cura pederasta de California, Stephen Kiesle. También, en aquella ocasión, por el bien de la iglesia.

    Gestionar la fe a día de hoy, y evitar que haga agua por los cuatro costados, no ha de ser empresa fácil, máxime cuando la castidad, pobreza y humildad que se pregonan, chocan frontalmente con los manejos económicos y la falta de escrúpulos en el seno del Estado que ha gobernado. Que se vaya por cansancio, depresión, incomprensión o clarividencia, es pues una cuestión también de fe. Y de punto de vista. No dudo, tras leer a tanto turiferario en las últimas semanas, que este pontífice sea un excelente pensador, aunque unir pensamiento y fe sea en cierta medida una antinomia. En parecida línea, puedo asimismo admitir que su inminente eclipse represente el último gesto de lucidez frente al mundo, aunque no, a buen seguro, en el sentido en que lo glosan sus admiradores.
    Y queda pendiente, en último extremo, aclarar cómo se tomará el Espíritu Santo este punto y final: una decisión humana frente a un mandato divino sin fecha –supongo-de caducidad. De todas formas, no creo que vayamos a perder el sueño por misterio más o menos, y es que a los misterios ya estamos acostumbrados: desde las cuentas del PP a los eclesiales.

     

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