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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 17
    Mayo
    2014

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    Largar por el orificio equivocado

    Es lo que, como observó en su día Fernando Aramburu, algunos hacen cuando hablan. Yo he anotado algunos ejemplos durante tres o cuatro días y me han sobrado, prueba fehaciente de que los tales orificios, otros que la boca, no dan abasto.


    La autoría de la primera pedorreta verbal que detecté, en cuanto me puse a ello, correspondió al portavoz de Izquierda Unida en Extremadura. A propósito de la ya abortada moción de censura que presentó el PSOE allí, declaró (7 de mayo) que “hay que pensarlo porque esto es serio. No se trata de un tema electoral. Esto es serio y por tanto…”. Queda clara la opinión que le merecen promesas y proclamas en tiempo de elecciones; ¡como para creerle el año próximo! Y, al otro extremo del espectro político, ahí está el ministro Luis de Guindos sopesando la oportunidad de “cobrar por el uso de servicios públicos y así compensar la bajada del IRPF”. ¿Pero no iban a disminuir los impuestos? Quizá pretenda bajar sólo uno, en singular, y aumentar todos los demás, pero deben ser deslices frecuentes, esos de confundir singulares con plurales, cuando se recurre a orificios alternativos.

    Por otra parte, advertirán desde aquí que las ventosidades dialécticas no son privativas de los políticos. La Fiscalía pidió 4.5 años de cárcel para Katiana Vicens, la Secretaria general de CCOO, por coaccionar a un trabajador durante la huelga convocada en 2012. De aplicarse igual criterio penal a otras intimidaciones, calculen ustedes los lustros que pueden caerles a quienes coaccionaron a cientos de miles para que pagasen/mos un céntimo sanitario que, a más de resultar ilegal, no era céntimo y tampoco sanitario. Y lo mismo respecto al euro por receta en Cataluña. Pero nos dicen —o sueltan la flatulencia, mejor— que podemos reclamar. ¿Quién guarda esos recibos? Y si alguien lo hizo, ¿cómo se le compensará por el tiempo empleado en articular el recurso? Una chapuza, en suma, sobre la que se correrá el telón que es también, por cierto, a lo que aspira Urdangarín, que “quiere pagar a Hacienda”, aunque no reconozca delito alguno. ¿“Quiero”, ha dicho? ¿Acaso se ofrece y, de no colar, a otra cosa mariposa?


    Pero el mundo leguleyo da para más. El abogado defensor de Isabel Pantoja adujo que “la descarga hormonal, resultado de su enamoramiento, pudo cegarla”: quedar sin vista y, en consecuencia, evadir impuestos al estilo de Urdangarín (¿también lo cegó el amor?). La fisiología no puede por menos que llevarse las manos a la cabeza. Ignorábamos que enamorarse ponga los estrógenos por las nubes y de ello se derive ceguera. Sin embargo, ahí tenemos el test que permitirá comprobar si eso de que contigo pan y cebolla es algo más que pantomima, así que déjate de gaitas y que te saquen sangre a ver cómo tienes las hormonas. Sin embargo, bien está que el letrado se salga por los cerros de Úbeda para defender el honor de una mujer, las únicas finalidades —junto a la defensa de una causa justa, lo cual no es el caso— que, según Conan Doyle, justifican las mentiras de un caballero como el que suscribe lo del alzamiento hormonal.


    Y si son aficionados al fútbol (en otro caso ya me contarán cómo consiguen encontrar una emisora, en fin de semana, para enterarse de lo que sucede fuera de los Estadios), atentos al parche: a ése que los autores que siguen olvidaron poner frente a sus respectivos agujeros. Leí que la semana pasada, y ante el peligro de descenso del Mallorca, “el club se pone en manos de los jugadores”. Me pregunté en manos de quién se habrían puesto en anteriores encuentros, y si tal vez será el no contar con los futbolistas, mientras juegan al fútbol, lo que les ha llevado al presente agobio. Después, y tras conocerse el resultado de empate a uno, una nueva verdad de esas que algunos llamarían apodícticas, formulada tras prolongada meditación y que, por lo mismo, obligaba a la reflexión sosegada “el punto es positivo —Lluís Carreras, 10 de mayo—, porque al final también hemos podido perder”. Un indudable hallazgo, éste de formular una conclusión que no se contradiga con su inversa, porque de asegurar que “el punto es negativo, porque al final también hemos podido ganar”, nadie se habría sorprendido. En resumen: pura filosofía de la buena: a la que nos tienen acostumbrados los futboleros en cuanto abren… lo que sea.

    Pero falta un colofón, y aquí está la declaración de Leo Messi con relación a su futuro en el Barça: “Se han dicho muchas barbaridades, casi todas mentira”. Me pregunté de inmediato cuáles serían las barbaridades ciertas, si acaso pueden coexistir ambas cosas, y fue en ese preciso instante cuando se me vino a la cabeza Rajoy con aquello de que —referido al caso Bárcenas— “casi todo es falso salvo algunas cosas”. Se parece a lo de Messi, ¿no? A ver si resultará que ambos tienen más en común de lo que podría sospecharse a primera vista. Porque el orificio que emplean, por lo visto u oído, se diría el mismo. Y también son equiparables en la precisión de sus valoraciones. Queda por decidir si nuestro presidente toca las pelotas como Messi. O incluso mejor.

     

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