Blog 
Contar es vivir
RSS - Blog de Gustavo Catalán

Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


Archivo

  • 16
    Marzo
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    La dimensión científica del lenguaje

    De permanecer ajenos a la ciencia y sus progresos, no podremos entender el mundo ni, de paso, un poco más a nosotros mismos. Rigor y razonamiento son consustanciales a las disciplinas científicas y, no obstante, he comprobado que en algunos entornos se mantienen todavía los estereotipos de años atrás.


    Recuerdo que, en mis tiempos de estudiante, los “cultos” eran, a priori, quienes se habían decantado por las humanidades y, en ese divorcio entre “las dos culturas” que cita C.P. Snow (1959), aquellos que eligieron Historia, Literatura o Filosofía, andaban aureolados de un saber que se negaba a “los de ciencias”: unos cabezas cuadradas sin imaginación y cuyo paradigma, aún ignoro el porqué, eran los de ingeniería. Si no sabías quién escribió La celestina, pongamos por caso, estabas definitivamente encasillado, mientras que identificar la energía atómica con los efluvios malignos o entender el átomo como sinónimo de una pizca de lo que fuese, pues una cuestión menor siempre que el susodicho pudiera enrollarse con la Generación del noventa y ocho o sacar a Cortázar a colación, viniese o no a cuento. A los de medicina se nos concedía el beneficio de la duda por aquello de que alguno había terminado de escritor, y Chèjov o Baroja nos libraban del cliché en aquellas lejanas tardes de tertulia.


    Y sin embargo, la ciencia no es sólo un acoso a la metafísica, que también y no es poco, sino una vía insustituible de conocimiento, de modo que subsanar en lo posible las carencias en este terreno es imprescindible para entender, para traducir, enriquecer el pensamiento y, parafraseando a Malraux —también los de ciencias leen a veces—, poder formularse los interrogantes y responder a cuanto se plantea el hombre cuando mira en el espejo el que será su rostro de muerto. Quien hoy en día ignore lo que es un transgénico, la clonación le suene a chino o se encoja de hombros al leer sobre células madre, no es culto sino ciego y mudo para nombrar; alguien del pasado y un fósil, por más endecasílabos que pueda recitar. Porque para opinar, y ya ni les cuento si se trata de ejercer de tuttólogo profesional, de esos que hablan/mos de cualquier cosa con pareja seguridad, convendrá interesarse por esa ciencia que cada dos años duplica el conocimiento y en breve lo hará en sólo uno.


    Pero hay mas: la ciencia ya hace mucho que abandonó los supuestos reductos donde se la encorsetaba, por ignorancia o interés, para incorporarse al lenguaje cotidiano, y así como existen palabras tópicas que sería mejor olvidar por extensivas y en consecuencia irrelevantes, otras muchas, procedentes de distintos ámbitos científicos, sirven hoy para cimentar el discurso, enriquecerlo y mejorar su precisión unas veces o el valor simbólico otras. Habrán advertido hasta qué punto, y con relación a los temas más dispares, se introducen éstas y, a título ilustrativo, me permitiré a continuación alguna digresión que cuente con ellas.


    “La energía que muestra el candidato es un balón de oxígeno para sus seguidores, y aunque es matemáticamente imposible que pueda permear al conjunto de la sociedad, tampoco ésta es del todo inmune a sus postulados por más vacunada que esté, que una cosa es la inercia y otra distinta escuchar propuestas que podrían originar una reacción en cadena que redujese el espectro de opiniones hasta, tal vez, conseguir una masa crítica suficiente”. Aplíquenlo a unas elecciones cualesquiera, las próximas primarias del PSOE por un decir, e imagino que el párrafo anterior y siguiente podrían colar, anunciando “unas votaciones de infarto por una infección ideológica que empezó de modo solapado, al estilo de una propagación viral frente a la que no existen anticuerpos; una epidemia sin profilaxis y que puede colapsar las expectativas de los hasta hace poco presuntos ganadores”.

    Y si prefiriesen entrar en corrupciones varias, convendrán en que no hay globo sonda alguno que permita anticipar el comportamiento de nuestros mandamases. “Quienes están en esa órbita, incapaces de metabolizar adecuadamente las tentaciones económicas, acaban irremisiblemente atraídos por ese agujero negro del enriquecimiento. El poder es un cáncer que metastatiza en muchos de quienes lo ostentan, e informa definitivamente sus manejos aunque después, cuando pillados con las manos en la masa, se excusen aduciendo la atomización en la toma de decisiones para así centrifugar su responsabilidad y esparcir la mierda —ignoro si éste es término científico— en todas direcciones”. Por cierto: también he leído que se centrifuga a los niños inmigrantes cuando se escolarizan, y que la corrupción la llevan ciertos sujetos en su ADN como otros el rock and roll. Asunto distinto es cómo responderían algunos de ser preguntados sobre ese ADN y ahí está el quid; que si la ciencia informa el lenguaje a día de hoy, como podría deducirse de los anteriores ejemplos, igual convendría prestarle más atención si hemos de pasar por cultos: por gentes de nuestro tiempo.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook