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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 19
    Octubre
    2014

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    ETA: ¿y las armas, para cuándo?

    Mañana se cumplirán tres años desde que ETA anunció el fin de los asesinatos, aunque empleasen el eufemismo de “actividad armada”. Convendrá recordar que desde el 7 de junio de 1968, fecha del primer atentado, a 2011, cuentan en su haber con unas 840 muertes al servicio —si hemos de atenernos a su paranoia— de la causa nacionalista.


    Esa “violencia estratégica” como la llamó Ramoneda, con objetivo político a través de la sangre y el miedo, se inscribe en una larga historia de crímenes con distintos epígrafes según la época; desde el terrorismo anarquista de hace un siglo, a su autodenominado terrorismo revolucionario. Y no debemos olvidar un terrorismo de Estado igualmente repugnante y practicado por algunos países que paradójicamente se erigen en abanderados de los derechos humanos. No obstante, y en relación a estos “patriotas de la muerte” que hoy me ocupan, el declarado fin de sus desmanes, en fecha 20 de octubre de 2011, no se ha seguido de la entrega efectiva del arsenal que guardan, y el conato que tuvo lugar el pasado febrero cediendo tres pistolas, un fusil, dos granadas y catorce quilos de explosivos, no pasó de escenificación para la galería.

    En 2013 anunciaron el progresivo    desarme a manos de un organismo internacional, pero siguen en las mismas y uno no puede por menos que preguntarse si esos monstruos, que lo son por triplicado si hemos de atenernos a la clasificación de Buffon para los mismos, a saber: monstruos por defecto (siquiera en su moral), por exceso (en sus acciones) y por falsa distribución de las partes (cerebro por testículos); si esos monstruos, repito, se verán con problemas que dificultan poner de una vez por todas el punto y final a esa infame trayectoria jalonada de dolor.


    Consolidar su particular deriva identitaria entre balazos y explosiones se ha revelado inútil como ellos mismos han reconocido. Desde esa evidencia, ¿a qué mantener el arsenal que renunciaron a utilizar tras afirmar (10 de noviembre de 2011) que “El desarme está en nuestra agenda”? Una agenda sine die, como es el caso, podría obedecer a motivos varios, aunque ninguno de ellos les haga favor. Sin perjuicio de que pueda haber otros, el más preocupante sería que aún se preguntasen, a día de hoy, si pecaron de precipitación en su anuncio, toda vez que el auge posterior de pulsiones independentistas, en otros territorios que el País Vasco, podría modificar el escenario y prestar nuevas alas a un fundamentalismo que creyeron entonces sin horizonte. Sin embargo, hoy nadie sugiere ni siquiera la posibilidad de recurrir a la agresión para imponer sus planteamientos y, aunque el simplismo de que han hecho históricamente gala autorice la hipótesis, puedo imaginar otras más verosímiles.


    Así, pudiera ocurrir que siga prevaleciendo la opinión —si no unánime, mayoritaria en la banda— de que la conservación de todo o parte del armamento presta a los envites políticos una fuerza adicional, mientras que el desarme homologaría su discurso al que mantienen otras formaciones minoritarias y, por lo mismo, con escasa influencia en esa democracia que antaño pretendieron sustituir por la sumisión al terror. Que desconfíen en suma de su capacidad para convencer cuando ya no se les supongan pistolas en el armario y estén, en consecuencia, abocados a la definitiva desaparición como banda, organización o como quieran llamarse, convirtiéndose en un ejemplo más del devenir que anunciara con lucidez Groucho Marx: “Partiendo de la nada, lograron llegar a las cimas más altas de la miseria para acabar finalmente donde empezaron”. Desde ahí al olvido sólo media un paso que será para ellos triste colofón. No obstante, es el mejor modo que tienen los pueblos para vengarse de sus verdugos (Pío Baroja) y lo que estamos deseando que suceda de una puñetera vez.

    Pero ahí no terminan las presunciones, que podrían ser también una mezcla de todo lo anterior con lo que sigue. La simbólica entrega que tuvo lugar en febrero, lo fue a un organismo internacional; el destinatario que podrían preferir, de llegar a un consenso, para no plegarse, siquiera en las formas, al papel de derrotados por ese españolismo que representa el partido —cualquier partido— que gobierne y al que evitarán, de ser posible, rendirse con armas y bagajes. Y puestos a imaginar, aún queda otra motivación, más pedestre si cabe, para su numantinismo: podría ser muy bien que ninguno de ellos sepa dónde están escondidas en su totalidad, dados los numerosos zulos que habilitaron con el máximo secreto, sin que los responsables actuales (muchos otros dispersos, ocultos, encarcelados o desmemoriados con el paso de los años) dispongan de la información al completo.


    Sea como fuere, ¡venga ya! Terminen con eso de una vez, hasta donde puedan, y esfúmense para sobrellevar frustración y oprobio lejos de nuestra vista. Porque forman parte, con armas o sin ellas, de esos retazos de Historia que una abrumadora mayoría —mal que les pese— preferiríamos no haber conocido jamás.

     

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