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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 29
    Junio
    2013

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    El cáncer de mama en tiempos de crisis

    La ciudadanía dispone, a estas alturas, de información suficiente sobre un retroceso de nuestra sanidad como resultado de políticas miopes y sin el oportuno consenso experto; baste recordar los titubeos en cuanto a organización, la privación de asistencia normalizada a un amplio colectivo o unas listas de espera vergonzosas. Sin embargo, se ha puesto menos énfasis en otras evidencias. Por ello, y a propósito de las recientes reuniones de oncólogos especializados en cáncer de mama, en el ámbito nacional (grupo GEICAM) y también autonómico (consenso de Formentera), tal vez sea oportuno subrayar algunas inquietudes que afloraron en ellas.
    La correcta atención a la patología mamaria en los hospitales públicos (y respecto a otros tumores podrían hacerse parecidas consideraciones) topa con numerosos escollos, atribuibles al ministerio de Sanidad o a las propias comunidades autónomas. En lo que hace a los seguros privados, las distintas coberturas y prestaciones pueden hacer de la planificación terapéutica una carrera de obstáculos, aunque me centraré hoy sobre algunas carencias compartidas por ambos sectores. Para empezar, sepan ustedes que el consejo genético, ése que permitió a Angelina Jolie optar por la extirpación de ambos pechos así como los ovarios, no puede hacerse aquí de modo fluido y en plazo razonable por falta de la adecuada financiación. En nuestros hospitales se evalúa, cuando se juzga oportuno, el riesgo hereditario, pero de existir una sospecha fundada es preciso analizar la eventual mutación genética y ahí radica el problema; las directrices, hasta ayer mismo, consisten en enviar las muestras de sangre (no más de tantas al mes) a un laboratorio de la península, que ha tenido problemas para cobrar sus servicios. Así, no debe extrañar que los resultados tarden, si acaso llegan.

    Vayamos a otro ejemplo. En un porcentaje no desdeñable de mujeres afectas de cáncer de mama, podría evitarse la administración de quimioterapia si se comprueba, más allá de los habituales criterios clínicos y mediante el oportuno test genético (Oncotype o Mammaprint, que así se llaman), un bajo riesgo de recidiva. Pues bien: el costo (cerca de 3.000 euros) no es asumido por la sanidad pública y tampoco por compañía privada alguna, lo que hace patente la inequidad. Sólo en aquellas enfermas que dispongan de recursos económicos podrá objetivarse la oportunidad de un tratamiento largo y de toxicidad no desdeñable; las demás, habrán de someterse a él frente a una duda que podría despejarse fácilmente. ¿Que evitar ciertos tratamientos supondría un ahorro muy superior al costo de la prueba genética, y que en conjunto la estrategia podría resultar eficiente? Pues sí, pero así funciona la cosa y no solo en lo tocante a análisis predictivos de riesgo familiar o agresividad tumoral. Los déficits en cuanto al screening mamográfico son conocidos, así que vayan a continuación unos apuntes que atañen a la disponibilidad de nuevos agentes farmacológicos.
    En los dos últimos años, y tras los oportunos ensayos clínicos adecuadamente validados, varios fármacos nuevos han sido aprobados por la FDA americana y la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Hace un tiempo y cuando ocurría esto, la disponibilidad en nuestro país era cuestión de muy pocos meses, mientras que en la actualidad la dilación llega a extremos preocupantes. Aún se tienen dificultades para la prescripción de Denosumab, aprobado por la FDA en noviembre de 2010; el Everolimus fue autorizado en Europa en julio de 2012 y se supone que pronto podrá disponerse de él en España sin restricciones, lo cual no ocurre con otros dos agentes de probada eficacia: Pertuzumab y Emtansine (autorizados en EE UU en 2012 y 2013 respectivamente). A mayor abundamiento, la inequidad que supone el acceso restringido a nuevos medicamentos (además, se dan diferencias entre distintas comunidades) se suma a las trabas que dificultan la incorporación de nuevas tecnologías en nuestros hospitales y de las que les ahorraré por el momento más precisiones.

    En la actual situación económica, racionalizar el gasto sanitario no es objeto de discusión. El problema surge cuando la gestión con ese objetivo se efectúa, en demasiadas ocasiones, desoyendo a los profesionales del ámbito en cuestión, y es que optimizar la inversión oncológica es un tema en el que la opinión de los especialistas (no necesariamente con carné del Partido) debiera gozar de la máxima consideración.
    Escribía el poeta Rimbaud que “sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres”. A día de hoy parece evidente que, sólo con paciencia, la justicia no echa a andar. Y privar a las mujeres sanas del oportuno control mamográfico, del examen genético tras sospecharse con fundamento riesgo hereditario, o a las enfermas de los últimos avances farmacológicos cuando no pueden costeárselos, es profundamente injusto e incluso algo peor: indignante por lo que tiene de abyecto.

     

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