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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 10
    Agosto
    2013

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    El calor y sus posibilidades

    O, por buscar otro título, dime cómo sudas y te diré quién eres, lo que lleva de cabeza a la propia identidad, un asunto peliagudo y vete tú a investigarlo. Difícil en invierno, porque atisbarte y sacar conclusiones sin trampa ni cartón requiere de un tiempo que habremos de dedicar a otros menesteres. Y en verano, ¡qué pereza! No obstante, la estación en que estamos ofrece muchas oportunidades para ello. Aunque sólo sea porque hay más horas de luz y menos ropa que nos disimule.
    De acuerdo en que el calor no estimula nada; ni acción ni meditación, pero a la introspección le viene bien la posición horizontal, sea en una tumbona o directamente sobre la arena, para no distraerse con los desniveles. Cuando adormecido, puede uno pasear por dentro de sí y, de hacerlo por fuera, extraer conclusiones asimismo útiles. Las lorzas al desnudo recordarán que no hemos roto con el sedentarismo como nos propusimos en Año Nuevo, o las uñas de los pies pueden hacer patente que solemos descuidar los detalles y así nos va, a veces incluso con la pareja, por nonadas semejantes. Por lo demás, de tan agostados como corresponde al mes, ni ganas tendremos de recriminarnos tras el somero examen externo, y para el interno, ese descenso al fondo de nosotros mismos, mejor otro día porque a saber tú qué temperatura habría que aguantar si en plena intemperie ya estamos rondando los cuarenta grados.

    Además, tampoco íbamos a descubrir gran cosa. Ya decía Proust que todo lo que es del mismo tiempo se parece, así que, cuando todos en plena canícula, no vale la pena esforzarse en hurgar nuestro interior para terminar descubriendo que somos, mutatis mutandis, un remedo de ése que boquea unos metros más allá. Seguro que es lo que quiso significar Proust aunque haya quien prefiera interpretarlo en otra clave por marcar unas diferencias intelectuales que con esta solana importan más bien poco.
    Este sol de justicia tiene también, a más de que pueda llevarnos sin transición desde la cama al agotamiento, luces y sombras. Bueno; lo de las luces es obvio, y sombras las que nos procuramos si acaso hay suerte, pero en contrapartida, y a diferencia de otras estaciones de menor agresividad lumínica, es más difícil que alguien nos haga molesta sombra —estoy pensando en la metafórica—, porque lo que se busca es precisamente que alguien o algo te la proporcione y de ahí el extendido uso de la sombrilla. Se deduce de lo anterior que, en el contexto veraniego, uno puede lucir en todo su esplendor sin envidiejas ni cortapisas, y cuando digo lucir me refiero también al brillo resplandeciente que resulta de la sudorina, el cual contribuye a dar razón no sólo a Proust en lo del parecido estival, sino también a quien afirmó —entenderán que, con la camisa pegada al cuerpo, no recuerde su nombre— que nos parecemos más a nuestro tiempo que a nuestros padres, incluyendo a las madres que nos parieron y que no imaginarían a sus retoños de semejante guisa: todos desabotonados/as, y voy a dejarlo aquí para no liarla por otros derroteros igualmente calenturientos.
    Un tiempo colérico el veraniego. Abrumador… Borges que, aunque no me conste, debía huir de la transpiración como de la peste, escribió que uno puede sentirse no sólo maltratado por el verano sino hasta envilecido, lo cual podría ser cierto en más de un aspecto; con ganas de desaparecer por librarnos de este horno y, de no acertar con el cómo, podríamos optar por derretirnos y de paso librarnos de una identidad que, como cualquier otra, ata y limita en exceso. Bastaría con exponerse a la solanera sin tapujos, con la ventaja añadida de que, convertidos en meros charcos, dejaríamos con dos palmos de narices a estos políticos que aprovechan el mes de agosto y la lubricación cutánea resultante para metérnosla doblada. Me refiero, como adivinan, a cualquier medida que con menos sudor en función de vaselina movería a la contestación, pero, ¿quién se mueve estos días más allá de lo imprescindible para sobrevivir?

    Si no me falla la memoria, fue en un mes de agosto cuando se aprobó la modificación en los receptores de televisión previo pago de su importe; el uno de agosto la fecha elegida por Rajoy para hablar de lo que se terciase excepto de la financiación ilegal de su Partido y, hace pocos días, se ha autorizado la subida del recibo de la luz en un 3.2%. Con bochorno y alevosía, para irse después los políticos de vacaciones y dejarnos con otro sofocón sumado al propio de la estación. Como deducirán, se trata de un mes polivalente. Para disfrutarlo si hay suerte, olvidarse de lo pasado siquiera por un rato, de lo por venir e incluso de uno mismo. Transformado en otro o aparentándolo frente a la abulia general. Por eso aprovechan este mes para declararse inocentes desde nuestro Rajoy a Berlusconi. Pero no pierdan de vista que también en agosto se destruyó Pompeya o echaron una bomba sobre Hiroshima, así que, por entre la solana y las cervezas, los ojitos bien abiertos. Por si acaso planean algo más que subirnos la luz.

     

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