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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 21
    Septiembre
    2013

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    Cada quién, con su verdad como ariete

    ¿Responsabilidades compartidas? ¡Ni hablar del peluquín! Se trate de organismos internacionales, gobiernos, instituciones o individuos, no hay quien asuma eso de que, por coexistir en un mismo tiempo y sujetos a múltiples interrelaciones, algo tendrá que ver con cuanto sucede en su entorno. En todo caso, bien está si termina en aplauso o permite extender la mano en pos de la ganancia, pero ¿culpable en cierta medida? ¿Una parte alícuota de responsabilidad, por acción u omisión? ¡Anda ya!


    La regla se antoja universal e intemporal, de modo que el juego de cintura y las pelotas fuera deben ser habilidades que se transmiten por herencia dominante. Eso explica que, cuando enfrentados a la excepción, la etiquetemos de anomalía aunque nos reservemos una última sospecha que traducirá la mirada de reojo y un receloso “a saber tú el porqué”; un porqué que sugiere ocultos designios. Por ilustrar el tema desde antiguo, ¿alguien de entre ustedes puede creer que los de la Armada Invencible reconociesen unos errores de estrategia y planificación que los convirtieron en vencidos a las primeras de cambio? ¿Y que Alfonso X el Sabio o Felipe el Hermoso comentasen frente a terceros lo exagerado de sus apodos? Resulta que desde esas épocas y mucho antes, se está por la afirmación que formuló Wallace Stevens: que a la larga la verdad no importa. Ni a la corta, si de su deformación se sigue beneficio de cualquier índole.

    Para evitar suponer que la Ilustración supuso un cambio en las conciencias o la globalización las haya aireado y limpiado de mugre, tal vez convenga echar un vistazo a las verdades que se han ido apuntalando por unos y otros en épocas más recientes. Desde el siglo pasado hasta hoy mismo. Así, y antes de que el muro de Berlín se fuera a tomar viento, la Guerra fría era por definición responsabilidad del otro, al igual que la Conspiración judeomasónica ponía palos en las ruedas de una dictadura que, sin ella, cualquiera sabe si no habría terminado siendo un modelo para el mundo mundial. Por lo que respecta a los de la conspiración, quizá otro gallo les habría cantado de llegar a un acuerdo las mil y una facciones, cada cual depositaria en exclusiva del tarro de las esencias. Aunque para esencias las mías, y por eso no entenderé el por qué no se comenten estas líneas incluso en las antípodas. Luego —después de mí, quiero decir, y de cualquiera de ustedes si no se me disfrazan de extraterrestres— están los problemas estructurales, con consensos para su resolución más que problemáticos, porque los empresarios son, para unos, gentes desalmadas que van a lo suyo, y los empleados, para otros, unos piernas que si estuvieran a lo que hay que estar, mejor nos iría a todos.


    Que la realidad se ofrezca en perspectivas individuales (Ortega) y prime la subjetividad, podrá ser tal vez de las pocas verdades demostrables más acá de la ciencia, pero no parece que con eso se facilite el acuerdo social y en consecuencia el progreso. Merckel y los países mediterráneos no opinan igual, y si el FMI aconseja la rebaja salarial de un 10%, debería antes mejorar su propia credibilidad, se dicen los presuntos afectados. Comerciantes y pescadores difieren en sus análisis respecto el contencioso de Gibraltar y, más acá del Peñón, parole, parole… Los bancos son, en buena parte, responsables de la crisis. O ése 20% de economía sumergida, aunque preferiría pasar lo segundo por alto si he venido cobrando del paro mientras trabajaba en negro. La competitividad puede sustentarse en el “todo incluido” de muchos hoteles o bien en la vuelta atrás de la Ley de Turismo, y ya está bien de sobreprotección, aunque pueda demandar al Estado si acaso enfermo por causa del tabaco. O al Ayuntamiento si tropiezo con una baldosa en cualquier acera.


    ¿Alguien ha oído a Mas, Junqueras, Rajoy o la Cospedal, afirmar que se hace imprescindible escuchar sin prejuzgar? ¿O a los inventores del TIL? ¡Y lo que cambiaría este jodido país con esos mimbres! Yo tengo todo el derecho a un techo pese a que cuatro sinvergüenzas arguyan que, si no estaba seguro de poder pagar, por qué me metí en el fregado. ¡Y estudiar tanto para acabar así! O bien, trabajar desde los catorce para enriquecer a cuatro listillos. ¿Ese otro, me dices que tiene trabajo fijo porque hizo una oposición?, ¡pero qué me vas a contar, cuando las plantillas están trufadas de amiguetes y familiares! Sin embargo, ¿no harías tú lo mismo para con un allegado?

    En conclusión, que la inocencia más clara es siempre la propia y, una vez más, Groucho Marx convenientemente adaptado porque, si estos principios no me convienen, tengo otros. ¿Ahora me salen con que no es lícito generalizar? Bueno: lo que prefieran y no les faltará razón, pero disponer de culpable, otro que uno mismo, tranquiliza mucho. Y las zonas esquivas de la conciencia son aquellas en que anida una responsabilidad que, cuando sale a la luz, molesta. No obstante, tal vez nos fuese mejor a todos reconociendo de una puñetera vez que lo del Sabio, o el Hermoso, no son sino maquillajes. Y los discursos de Wert y la consellera de educación, arietes vergonzosos.

     

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