Blog 
Contar es vivir
RSS - Blog de Gustavo Catalán

Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


Archivo

  • 04
    Enero
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ¡Bienvenido 1974!

    Este que inauguramos, 2014, se asemeja al del título siquiera por dos motivos; un neofranquismo con los aromas del tardofranquismo de entonces y, en segundo lugar, a un año y medio del hito, la muerte del dictador o las próximas elecciones que, en el mejor de los casos (prefiero no ponerme en el peor) pudieran imprimir un nuevo sesgo a esta sarta de despropósitos que vuelven de rabiosa actualidad el lúcido fogonazo del fallecido Vázquez Montalbán: aquello de que, con todo, incluso contra Franco vivíamos mejor.


    Hemos sido abducidos y regresados a los aciagos tiempos en que primaba la bota por sobre el cerebro. A los tiempos de la España como unidad de destino aunque más envilecidos, porque no sólo se incumple el programa electoral (desde la política de recortes a aquella eliminación de los privilegios de los parlamentarios respecto al resto de ciudadanos, que prometía Rajoy en enero de 2011), sino que se da la espalda a la canción de sus mentores, la que prometía patria, justicia y pan. Se han quedado con la primera y, lo demás, pospuesto a 2015, que es cuando precisarán de refrendo. Y usted y yo que lo veamos porque, hasta aquí, se trata de desactivar el pensamiento crítico, para transformarlo en único merced a prohibiciones que suponen graves atentados a la libertad cuando no simples naderías para mantenernos entretenidos.

    También se prohibieron en otros tiempos la imprenta, las vacunas o la anestesia en nuestro hipotético beneficio, así que no cabe extrañarse de que llueva sobre mojado. Ahora se abortará Gallardón mediante, lo que implicará hacerlo muchas veces de tapadillo y previo pago, y no se va a condenar la apología de ideas totalitarias, sea franquismo o nazismo. ¡Faltaría más! También se inhabilita a profesores díscolos —tras la Guerra Civil, dos de cada tres profesores fueron represaliados, así que el asunto podría no haber hecho más que empezar— y cuidado con manifestarse, fotografiar a la policía aún cuando reprima con malos modos y se enseñará como mandan los cánones; como manda el TIL, aunque no haya seguimiento objetivo que pueda acreditar su bondad, o como mande Wert, cuya ley equipara la religión a las matemáticas a efectos de cómputo y cuyo mantenimiento en las aulas cuesta al Estado (a nuestro bolsillo) 700 millones de euros al año. Pero pelillos a la mar, y es que parecen estar convencidos, con Chamfort (siglo XVIII), que hay épocas en que la opinión pública supone la peor de las opciones. Y la que nos ha tocado vivir debe ser, a su juicio, una de ellas.


    En paralelo, la corrupción campa a sus anchas por entre la transparencia que pregonan y el sexo de los ángeles como epicentro de sus deliberaciones. Andan debatiendo si los sinvergüenzas surgidos de sus filas han de ser o no indultados y, en el caso de la Infanta, se oscila entre imputación y exculpación; en ambos casos por ser quien es, coinciden los partidarios de una y otra opción. ¿Peliagudos dilemas, no creen? Pero no intenten llegar a conclusión alguna porque no existimos para pensar. De ahí que, desde Bárcenas al timo de las eléctricas y con tal de no profundizar, nos procuren señuelos varios para la distracción: que si los motoristas entre 16 y 18 años deberían o no llevar casco, que si la multa por protestar frente al Congreso será de 30 ó 600.000, una ley de símbolos para colgar dónde y lo que nos digan o el descomunal esfuerzo neuronal que les estará costando poner a los músicos callejeros en su lugar, cualquiera que éste sea, y sin sobrepasar la media hora. ¡Ah!, que casi me olvido entre tanta prohibición: estaríamos mucho mejor en Mallorca sin coches de alquiler (director de la Agencia Tributaria del Govern, en diciembre de 2012). Y prohibido deambular sin camisa. ¡Hasta ahí podríamos llegar!


    El espectáculo ya pasa de castaño oscuro, ¿no les parece? Decía Fausto, cuando ya maduro él, y muy bregado, que sólo merece la libertad quien sabe conquistarla a diario, de modo que tal vez vaya siendo hora de que una cierta desobediencia civil contribuyese a reconciliarnos siquiera con nosotros mismos, dado que el diálogo con los totalitarios no parece fructificar, como bien saben los docentes. Aún a riesgo de que los cortes de manga les dieran pie a nuevas prohibiciones: la de hablar en voz alta en plena calle o reunirse en grupos de más de tres, como se dictó en ese pasado que tanto añoran.

    No creo que, hasta 1975, el año y medio que queda hasta los comicios, quiero decir, o la muerte del caudillo por seguir con la comparación, vayan a cambiar las cosas. Sólo espero que, al día siguiente, haya algo de que alegrarse y yo pueda hacerlo como en aquella ocasión. Nos sorprendió el desenlace, junto a mi hermano, en un barco rumbo a América y rodeados de exiliados; lo supimos por la radio y se pueden ustedes imaginar el jolgorio, la de besos y abrazos… Cualquier nochevieja, en comparación, un puro funeral. A ver si llega y terminamos de una vez con esta pesadilla, entre la tragedia y el esperpento.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook