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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 03
    Marzo
    2013

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    ¡Basta ya de botox!

    Basta ya de engaños y disimulos para disfrazar una realidad que, incluso a nuestro pesar, termina por imponerse. Basta ya de mirar hacia otro lado, individual y colectivamente, porque hemos comprobado que la estrategia no funciona por más que nos empeñemos en sostenella.
    ¿Alguien puede creer que los años retroceden por remodelarse labios o nalgas? ¿Que la muerte se encierra bajo llave con el simple recurso de no ver jamás un cadáver? Porque así nos hemos maquillado también en las últimas décadas, en un infructuoso intento por hacer de la juventud casi un espejo de la inmortalidad. Y con la servidumbre de las apariencias, el relleno de flaccideces, los tacones o el coche de alta gama, intentamos poner vallas al tiempo, la frustración o el fracaso, en una pretensión por olvidar que las máscaras transparentan.
    Cierto que, al anochecer, la búsqueda en cualquier contenedor planta las desdichas a nuestro lado. Sin embargo, estamos prestos al quiebro mediante una compasión distanciada y de corta duración; las más de las veces, el tiempo que tardemos en alejarnos mientras nos reafirmamos en un mejor estar y, en consecuencia, el voto porque sigan las diferencias. Ese talante que una mayoría compartimos es, precisamente, el que alimenta los modos con que el poder maneja los hechos. Sostienen su discurso, cualquiera que éste sea y siempre con un punto de paternalismo, en nuestra tendencia a vestir los hechos a la medida de los deseos; a preferir „porque procuran mayor tranquilidad tanto a emisor como a receptor„ los fragmentos de verdad que sean acordes con lo que queremos a priori, y son precisamente esos tapujos que empleamos para transitar por la vida, los que abonan sus comportamientos. Desde las explicaciones oscilantes y embusteras de la señora Cospedal a los análisis-tapadera que nos endilgan los próceres de acá.

    No obstante, ése ¡basta ya de bótox! creo que goza hoy de mayor predicamento entre la ciudadanía y, en mi opinión, es el único modo de impedir que los poderosos se reafirmen sobre nuestras inseguridades, y nuestra querencia por los afeites sea lo que justifique eufemismos que encubren inepcias cuando no delitos, rodeos y ambigüedades con que se despachan unas gentes muchas veces incapaces, "sin ciencia ni conciencia" (Baltasar Gracián). El afán por mantenerse, algunos en la embriaguez del poder y los más en el empleo, sólo seguirá siendo posible por nuestra pasividad cimentada en el miedo; por temor al futuro, al presente descarnado, al velo descorrido?, aunque sólo enfrentados a la verdad, sin rellenos de gelatina, podemos aspirar a ser coprotagonistas de nuestro destino y no, como ahora, únicamente trémulos espectadores.
    Para conseguirlo, nada de dramas o autocompasión; simplemente exigir (nos) que los aconteceres se muestren y designen con su nombre, desde la vejez y sus arrugas a los auténticos motivos de la deuda o de ese terror pánico que agarrota a Rajoy cuando ha de mencionar el nombre del que fue su ex tesorero hasta ayer mismo, y es que a falta de verdades sin ambages no es posible alimentar una esperanza razonable. Pero las reivindicaciones frente a terceros sólo serán creíbles si están en sintonía con la actitud que mostremos respecto a nosotros mismos y nuestro modo de estar, dejando a un lado el disfraz y, cuando reconciliados con nuestras deficiencias e incorporando la muerte „por un decir„ a la cotidianidad, estaremos impelidos y legitimados para rechazar los rodeos y paños calientes con que nos ningunean.
    He visto la verdad y no tiene sentido, escribió Chesterton en una ocasión. Pero aquí no hablamos de finitud social. De no gustarnos la verdad que vemos, hemos de construir otra, y aprender de la adversidad para suplantarla sólo es posible cuando se la conoce. Podremos demandar transparencia si somos capaces de pagar con la misma moneda tras convencernos de una vez por todas que la mentira no es en ningún caso un punto de vista, que sólo los argumentos dan o quitan razón, y que debe extremarse la cautela cuando sirven a intereses ocultos; que banalizar los hechos no los despoja del filo y, en los tiempos que corren, que estamos faltos de descripciones y sobrados de interpretaciones. Incluso de opinantes y asumiré la parte que me toca, al igual que debieran hacer todos del rey abajo, y vaya por dicho con toda intención.

    ¿Abdicamos del bótox? Porque en tal caso, estaremos en condiciones de rechazar el que nos impongan y, de ser mayoría, estos políticos de la silicona y el discurso de conveniencia van a tenerlo crudo para seguir en lo mismo. Para empezar, o para terminar si lo prefieren, y referidos a la legislatura, a quienes sigan empeñados en darnos gato por liebre, ni agua. Sería suficiente con escribir en la papeleta correspondiente, cuando sea el caso, la conminación que encabeza la columna, convenientemente modificada e incluso más corta: ¡Basta ya! A lo pepito Grillo.

     

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