Blog 
Contar es vivir
RSS - Blog de Gustavo Catalán

Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


Archivo

  • 30
    Marzo
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ASOCIACIONES: SU INVOLUCIÓN Y EVOLUCIÓN

    Prestar atención a nuestras formas de relación puede ser otro intento más por entender el cómo y el por qué hemos llegado a esto. Que sirva de algo es otra cuestión, aunque no será tiempo peor empleado que el de los salvapatrias que nos gobiernan. El que no dedican a buscar prebendas para los amiguetes o llenarse los bolsillos, quiero decir. Sus únicos objetivos exentos de titubeos.
    Dado que en estos tiempos de información por un tubo lo que se echa en falta son conclusiones, he aquí la mía de entrada y, todo lo que seguirá, indicios para afirmarla. Las asociaciones, incluso las que hunden sus raíces en la prehistoria, están de capacaída y han sido superadas por otras a las que se les da una higa todo lo que no sea ganancia. Aunque lo disimulen haciendo suyas algunas de las peculiaridades que definían a las anteriores. Las actuales son asociaciones para delinquir y en el umbral de lo que anuncia el porvenir, de seguir por el mismo camino.
     
    Empezaré por la familia, la asociación primaria. Si primero troncal, después nuclear y, a día de hoy, con más achaques que un nonagenario, aunque la crisis les haya insuflado un temporal aliento siempre que haya pensiones de por medio con las que dar de comer a descendientes en paro. La fecundidad en descenso, los hogares monoparentales en aumento así como los divorcios… Ningún juicio de valor; es sencillamente así y, encima, el tótem, el elemento unificador que identificaba al clan y normativizaba los comportamientos, desapareció hace mucho como emblema de las familias para incorporarse a las asociaciones terciarias: partidos políticos y otros grupos de (o)presión. Gaviotas o rosas son hoy el tótem que aglutina y propicia el ritual: el amén por un sueldo más las dietas, y luego ya se verá. Ya estamos viendo.
    En cuanto a las agrupaciones secundarias, llámense asociaciones cívicas, clubes o fundaciones sin ánimo de lucro, esas que entramaban la sociedad civil entre la familia y el Estado (el “tercer sector”, como lo denominan), enarbolan la solidaridad como elemento totémico y, como era de prever en estos tiempos, es palmario el retroceso de ese “capital social” que describía Putnam en 1993: el que procuraba relaciones horizontales y de confianza que afianzaban la estabilidad y reducían la vulnerabilidad de los desfavorecidos. 
    La precariedad es hoy la regla; es asumida por las asociaciones terciarias a título de inventario, y la bandera totémica de las secundarias, el altruismo, pues la miseria lo acorrala. Las más de 250.000 instituciones no lucrativas que se contabilizaban en España allá por el año dos mil, con casi tres millones de voluntarios, pueden haberse reducido en más de un 20% por razones varias: las donaciones privadas han caído como resultado de las estrecheces y, en cuanto a la financiación pública, es decir, la del Estado invirtiendo en “capital social” (más del 55% de la aportación a las asociaciones secundarias provenía hace unos años del erario público), pronto se recordará únicamente a través del boca a boca y, después, por los libros de historia.
    Partidos y emporios económicos (las terciarias) andan más preocupados por sanearse que en promover la salud —en su más amplio sentido— de aquellos que les facilitan el estatus, así que Thomas Bernhard puso el dedo en la llaga al afirmar que, cuando se hace algo por los demás, suele tratarse de un momento de debilidad. Y es que cuando los grandes de este mundo dicen amarnos (Cèline dixit), es que piensan convertirnos en carne de cañón. Habiendo hecho suyos todos los tótems a más de la pasta, ya pueden aceptar la democracia sin pestañear, porque es otra construcción a su medida: la democracia de los números, que no la de los individuos.
    A partir de ahí, abocados a la “aldea global”. La primera parte, la aldea, para nosotros, tratados como aldeanos; para ellos, la segunda: la globalización empresarial y del capital financiero en lugar del social. Nada de universalizar política o la justicia sino el mercado, sólo lucrativo para unos pocos. Las asociaciones terciarias están, en consecuencia, dispuestas y preparadas para laminar a las anteriores, primarias y secundarias; porque ya tienen en su poder recursos, símbolos y los mecanismos de control. No es de extrañar que se perfilen ya las “asociaciones cuaternarias” para cerrar el círculo y volver al Cuaternario sin matiz: al palo y tentetieso. 
     
    Unos pocos con el palo y el resto esclavos de su interés: el del empleo sin currículum que lo justifique, el del sobre subrepticio, y los avances sociales, de la familia al capital social, instrumentalizados en pro de sus torpes manejos. Sólo les ha hecho falta incorporar el lema de los tres mosqueteros. Con pequeños cambios, ahora que las palabras van perdiendo su prístino sentido. Todos para unos y unos para sí mismos. El caso es que, con este darwinismo manipulado y sin un nuevo D’Artagnan en el horizonte para poner las cosas en su lugar, estamos aviados.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook