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Clinica Veterinaria Son Dureta
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Blog Clinica Veterinaria Son Dureta - Delia Saleno

Delia Saleno

Dra. Delia Saleno, Licenciada en Veterinaria por la Universidad de Cluj-Napoca en 1999. Realiza estudios de doctorado en Reproducción en la misma universidad y en Genética en la Universidad de Córdoba. En todos estos años ha combinado la actividad clínica con la investigación, la docencia y la form...

Sobre este blog de Mallorca

En la red la información sobre nuestras mascotas a veces está muy diluida y muchas veces hay poco rigor científico. Desde este blog publicaré artículos sobre temas de interés general para nuestras mascotas así como pondré consejos, recomendaciones, noticias, y cuanto vaya surgiendo que pueda ser int...


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  • 10
    Marzo
    2011

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    MITOS Y VERDADES SOBRE LA ENFERMEDAD DEL MOSQUITO

    Hasta hace unos pocos años, los perros que desarrollaban la enfermedad, conocida como enfermedad del mosquito, estaban sentenciados a muerte, bien porque la enfermedad se cebaba en ellos de forma fulminante bien porque eran directamente sacrificados. Hoy en día el panorama ha cambiado y, gracias a los avances hechos en la medicina veterinaria,  la esperanza de vida de los perros portadores de esta temible enfermedad, ha aumentado considerablemente. En este artículo se intentará explicar que es la enfermedad y cómo prevenirla.


    Con la llegada de la primavera muchos seres vivos comienzan a tener una vida más activa. Aunque muchos de ellos son necesarios y beneficiosos para la naturaleza pero también pueden traernos algunos problemas, pues pueden actuar como portadores de numerosas enfermedades para los animales y para las personas.

    Uno de ellos es un mosquito del género Phlebotomus, llamado popularmente mosca de arena o beatilla, que es responsable de la transmisión de una terrible enfermedad conocida como leishmaniosis o la enfermedad del mosquito.

    La leishmaniosis es una enfermedad grave, producida por un protozoo, del género Leishmania y la que afecta principalmente al área mediterránea es la Leishmania infantum.

    Este parásito microscópico, se transmite por la picadura de las hembras de “flebotomos” que previamente han ingerido sangre infestada al picar a otros animales enfermos.

    Esta enfermedad afecta principalmente a los perros pero, ocasionalmente, ha podido ser diagnosticada también en gatos (generalmente debilitados por otras enfermedades previas). También, esta enfermedad se considera una zoonosis, es decir, que puede afectar también al ser humano, sobre todo cuando su sistema inmunitario no es capaz de luchar contra el parásito (personas en tratamiento con quimioterapia, enfermos de SIDA, ancianos, etc.). A pesar de ello, son raros los casos y debemos tener claro que no es el perro el que contagia la enfermedad al hombre durante la convivencia cotidiana, sino que es el mosquito que, mediante su picadura, transmite y disemina la enfermedad.

    Debido a sus condiciones climatológicas óptimas para el desarrollo del mosquito, las Islas Baleares son una de las zonas con incidencia más elevada de esta enfermedad en España.

     
    Algunos estudios epidemiológicos realizados, han relevado que aproximadamente 55-67% de los perros de las regiones mediterráneas son portadores de este parásito, mientras que desarrollan síntomas de enfermedad alrededor del 13-20% de los perros estudiados. Parece que el desarrollo de la enfermedad en un perro infestado por el parásito depende de su respuesta inmunitaria, que es una característica heredada.

    La leishmaniosis es una enfermedad crónica, que puede conducir a la muerte del animal si no recibe un tratamiento adecuado a tiempo y si no se hace un seguimiento correcto del paciente durante toda su vida.

    La leishmaniosis presenta un periodo de incubación muy variable, desde 3-6 meses hasta varios años, así que muchas veces los primeros síntomas pueden aparecer en la siguiente temporada al contagio. Se puede manifestar en formas más leves, afectando principalmente la piel (caspa generalizada, caída de pelo, costras y úlceras alrededor de los ojos, nariz o el pabellón auricular, uñas especialmente largas) o en formas generalizadas con pérdida de peso, falta de apetito, inflamación de los ganglios, lesiones oculares, hemorragias nasales, anemia, cojeras, diarrea crónica o fallo renal.

    Para su diagnóstico actualmente disponemos de técnicas fiables y específicas. Generalmente con una pequeña muestra de sangre se puede establecer si un animal padece o no la enfermedad. En un porcentaje muy pequeño de casos que requieren técnicas más complejas para el diagnóstico y se necesitan muestras de ganglios, de medula ósea o de otros tejidos.

    La parte positiva es que la leishmaniosis se puede tratar si se diagnóstica a tiempo y los resultados son muy buenos, llegándose a recuperaciones clínicas prácticamente completas.

    Sin embargo no hay que olvidarse que, con los tratamientos actuales, no conseguimos la eliminación completa de los parásitos del organismo y pueden ocurrir nuevas infestaciones en las siguientes temporadas, razón por la cual el seguimiento del paciente es fundamental.

    Para evitar las recaídas, el protocolo varía según el caso pero, generalmente, se indica un mínimo de dos controles anuales que incluyen un chequeo veterinario y  análisis de sangre.

    Existe el mito de que no se vacuna a los perros contra esta enfermedad debido a intereses económicos para que los laboratorios puedan vender el tratamiento. Nada más lejos de la realidad: los laboratorios se han lanzado a la carrera para conseguir esta vacuna ya que supondría todo un éxito comercial.

    Desde hace unos pocos años en Brasil se emplea una vacuna contra la leishmaniosis con resultados bastante buenos pero desgraciadamente, los estudios científicos efectuados en Europa en los últimos 4-5 años han demostrado su poca eficacia contra la cepa mediterránea. Los científicos están trabajando para el desarrollo de una vacuna para la cepa mediterránea, pero hasta el momento no se han obtenido resultados satisfactorios.
     
    Mientras tanto, como método preventivo de esta enfermedad, nos queda evitar la picadura del mosquito en las épocas de riesgo, principalmente desde marzo a octubre (con un riesgo aun mayor en los meses de mayo-junio y agosto-septiembre) a través de aplicación de collares, pipetas o spray repelentes de insectos. Como métodos complementarios de prevención se pueden utilizar las mallas antimosquitos, lámparas antimosquitos, restricciones del paseo al atardecer o amanecer (cuando la actividad de los mosquitos es más intensa) o evitar que el perro duerma a la intemperie durante la noche en la época de riesgo.

    Para terminar, tal y como demuestran las estadísticas, como ninguno de los métodos anteriores puede evitar por completo la picadura del mosquito, es muy recomendable para todos los perros, en el periodo febrero-abril, hacer una revisión anual del animal y sobre todo, un test de sangre específico para descubrir a tiempo si el perro ha contraido la enfermedad, antes de que empiece desarrollar síntomas y así asegurarnos que el tratamiento sea eficaz, con lo que tendremos asegurada una vida normal para nuestra mascota.


     
     

     

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