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Blog Causas perdidas - Matías Vallés

Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Mallorca

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 26
    Noviembre
    2012

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    Mas propone cambiar de electorado

    Artur Mas acaba de descubrir que la pérdida de una paga extraordinaria es más importante que la independencia, para buena parte de ciudadanos catalanes. Este desfallecimiento patriótico no ha llevado al president a desconfiar de sus principios, sino a perder la fe en su pueblo. En la noche electoral incurrió en un desliz reiterado, achacable antes a su condición de campeón noqueado que a una pulsión antidemocrática. A su juicio, los votantes se equivocaron al privarle de la “mayoría excepcional” que predicaba. Su decepción con la ciudadanía le llevó a un paso de concluir como Brecht que no se precisa un cambio de Govern, sino de electorado.


    Sólo hay algo más peligroso que poner en duda el resultado de unas elecciones, cuestionar el talante de quienes han participado en ellas. Extraña conjura, dado que Mas también tuvo derecho a depositar su papeleta, aunque el president nublado por la rabia considera en realidad intolerable que el ciudadano se haya tomado el voto por su mano. Tradicionalmente, los votantes querían ganar, y se orientaban de acuerdo con los sondeos y la atmósfera predominante. En Cataluña ha vuelto a demostrarse que la ciudadanía rebelde y desconfiada ha perdido el miedo a la derrota. De ahí que cada partido político haya engendrado a una formación disidente que desprecia el voto útil. CiU potencia a ERC que alumbra a las CUPs, donde cada organización se considera más impoluta que su predecesora. El PP que avaló a la Generalitat se desangra en Ciutadans, que también presume de mayor autenticidad. Y el PSC trasvasa sus electores a Iniciativa. Cuando los socialistas se decidan a restaurar su patrimonio, no tendrán patrimonio que defender.


    Artur Mas quiso acelerar la historia, y sólo la ha polarizado. No pretendía liberarse de España, sólo quería independizarse de la engorrosa familia Pujol. El Prometeo encadenado tras desafiar a los dioses ofreció la peor versión de sí mismo a la hora de hacer balance. Compareció irritado y cascarrabias, disonante en un país donde Rajoy garantiza una degradación sin sobresaltos. De hecho, Mas debió tomar ejemplo de la representante del partido relegado a la cuarta posición, porque Alicia Sánchez Camacho bebía cava como si su resultado tuviera la mínima relevancia. Parecía la candidata residual de un partido comunista nostálgico, en un país que había abandonado el comunismo.


    Mas considera que con los actuales catalanes no hay “mayoría excepcional” posible. A continuación, le asalta la tentación instintiva de silenciarlos o cambiarlos. La generosidad inclusiva de quien se sentía independiente ha degenerado hacia la exclusividad. Es una secuela que se viene repitiendo en todos los comicios encaminados hacia un horizonte a veces llamado Grecia. La fragmentación con tendencia a la atomización coloca a CiU tras las elecciones en la posición ideal para convocar unas nuevas elecciones, y así sucesivamente. La mejor receta para Mas consistiría en recuperar la humildad, aunque tal vez sea un lujo que no se puede permitir.

     

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