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Soy David Laguía, redactor del diario Levante-EMV. Aficionado y amante del deporte, me gusta no ver sólo el resultado, sino lo que hay detrás de él. Me puedes seguir en Twitter en @davidlaguia

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Brasil celebrará en verano de 2014 el Mundial de Fútbol. Pero hasta entonces, cientos de selecciones han quedado por el camino en cuatro años plagados de partidos que guardan muchas historias. Ahora, como aperitivo de lo que será la cita mundialista, ya podemos gozar de la Copa Confederaciones en el...


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  • 28
    Junio
    2013

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    Jesús Navas desterró sus miedos

    Foto: Reuters

    Un paseo de alrededor de 50 metros de lucha contra el miedo. Los que separan el centro del campo del punto de penalti. Jesús Navas tenía la responsabilidad. Por su cabeza podían pasar muchas cosas, pero sólo valía una: marcar. Bonucci acababa de fallar el séptimo penalti de Italia. Si Navas convertía su lanzamiento en gol, España se clasificaba para la final de la Copa Confederaciones. En Maracaná. Contra Brasil. Pero para ello, el sevillano debía superar sus temores.

    Jesús Navas no es un futbolista cualquiera. Le llegó la fama pronto, pero no le gustaba. Más aún: le superaba. Debutó en Primera División 18 años con el Sevilla. Con 19 ya era un habitual en las alineaciones del club hispalense. Y pese a ello, en 2005, sufrió un duro revés emocional. Una crisis de ansiedad asoló a Navas en plena concentración de la selección sub-20 para el Mundial de Holanda. No aguantaba la vida lejos de sus seres queridos. Tuvo que volver a casa. Se perdió la cita. Quedó realmente tocado.

    Ese mismo verano volvía a la disciplina del Sevilla. La plantilla realizaba la pretemporada en Cartaya (Huelva). Las alarmas volvieron a saltar. En mitad de un entrenamiento, Navas se fue corriendo sin rumbo, aparentemente sin causa alguna. Se sentó en un campo anexo. Solo. Meditando. Sufriendo en silencio. Su padre y su hermano llegaron esa misma madrugada a la localidad onubense y se lo llevaron de vuelta a casa. Navas necesitaba ayuda urgentemente.

    El psicólogo del Sevilla, Miguel Ángel Gómez, inició un trabajo con él. Lento, pero sin descanso. Un año después, también en la pretemporada de su club, los episodios se repitieron. Navas tuvo que abandonar la concentración de Isla Canela. Las ruedas de prensa le producían ansiedad. Las evitaba. Incluso tuvo sensación de asfixia en un programa de televisión, que tuvo que dar paso a publicidad. Tenía la oportunidad de ir con la selección absoluta, pero sus problemas le frenaban. Aún así, se aferró a la ilusión de jugar con la Roja para poder recuperarse. 

    La labor de Miguel Ángel Gómez y el esfuerzo del propio Navas comenzaron a dar sus frutos en 2009. En una rueda de prensa, de esas que antes secuestraban la voz de Navas, el futbolista de Los Palacios se ponía a disposición de Vicente del Bosque para jugar con la selección española. Era un gran paso. Un año después, en la final de Johannesburgo, iniciaba la jugada que propició el gol de Iniesta y que le daba el título mundial a España.

    La figura delgada y esbelta de Navas se dirigía ayer al punto de penalti. Era el primero que tiraba como profesional. Enfrente estaba Buffon. Tan grande por sus 1,91 m como por el aura que gira a su alrededor. En juego, clasificarse a la final soñada de la Confederaciones contra Brasil. 

    Tal vez, Navas no sabía que en España había casi 14 millones de personas viéndolo por televisión. El sevillano se infló de confianza. La misma que le han dado a lo largo de los últimos años su familia, Miguel Ángel Gómez, el Sevilla y sus compañeros de selección. Se hizo gigante. Buffon se quedó pequeño a su lado. Escogió el lado derecho del portero. Fue gol. De un chut, Navas mandó todos sus miedos al fondo de la red. Después, los desterró de su mente con un gran grito de rabia.

     

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