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APÓCRIFOS CARPETOVETÓNICOS
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Francisco J Caparrós

DIPLOMADO EN EDUCACIÓN SOCIAL, EXPERTO UNIVERSITARIO EN AUTOCONOCIMIENTO, EMOCIONES Y DIÁLOGO, Y MIEMBRO DEL MOVIMIENTO SOCIOEDUCATIVO ELAUVO.

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  • 05
    Agosto
    2013

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    Regeneración política de urgencia

     

    Además de indiscutibles ventajas e innegables beneficios, pertenecer a una organización conlleva también ciertos riesgos, de identidad principalmente. Que se identifiquen, por sí solas, cada una de las partes con el todo, suele ser de los más habituales. Tendemos a creer que las personas, sólo por el hecho de adherirse a esa entidad que defiende unos determinados valores, renuncian de facto no ya a pensar de manera diferente sino también a discrepar; pero eso, afortunadamente, no es así en la mayoría de los casos.

    Sólo las sectas constriñen al individuo hasta acabar con la individualidad de cada uno, característica aún así común pero que nos hace únicos. No me consta que las formaciones políticas lo sean, en ningún caso, aunque en alguna ocasión puedan dictarse desde sus cúpulas consignas partidistas que dejan en entredicho su reputación como instituciones democráticas, máxime cuando no consiguen desembarazarse de los clásicos prejuicios corporativos que tienen la tentación de esgrimir sin tapujos sus gerifaltes, igual que se recita un mantra de poderosos efectos hipnóticos.

    Confiar en una completa y total regeneración de la vida política tras los flagrantes casos de corrupción que han saturado últimamente los juzgados de este país, resulta cuando menos dudoso, máxime cuando quien tiene que liderarla no es consciente siquiera de la necesidad de emprenderla. Pero eso no quiere decir que ya esté todo perdido, que nada podrá cambiar una dinámica potencial e inherentemente adherida a la propia cadena desoxirribonucleica de cada uno de los individuos que la forman. Eso sería como aceptar que no hay vuelta atrás, que el aciago futuro que nos aguarda ya ha sido escrito y que no existe manera humana de modificarlo.

    Si queremos, podemos cambiar las cosas, pero ese es un trabajo conjunto de todos. Por fortuna, disponemos de libre albedrío, que es una de las poquitas cosas buenas que mostró la religión a las diferentes y sucesivas civilizaciones que han poblado la tierra. Pero como todo lo que concierne a la teología, tiene una doble lectura. En nuestra mano está la decisión de hacer un uso racional de ella, dejando su otra vertiente para aquellos que necesitan explicar a los demás y a sí mismos el peregrino proceder de los dioses.

     

    franciscojcaparros@eleuvo.org

     

     

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