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APÓCRIFOS CARPETOVETÓNICOS
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Francisco J Caparrós

DIPLOMADO EN EDUCACIÓN SOCIAL, EXPERTO UNIVERSITARIO EN AUTOCONOCIMIENTO, EMOCIONES Y DIÁLOGO, Y MIEMBRO DEL MOVIMIENTO SOCIOEDUCATIVO ELAUVO.

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  • 13
    Agosto
    2013

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    Por qué soy agnóstico

     

    No sabría precisar el motivo por el cual me resulta tan difícil comulgar con el dios de los católicos. Hablo de aquél por mi ascendencia cultural, y porque en consecuencia me resultan más cercanos los dogmas de fe que profesé en la infancia. Pero eso no quiere decir, de ningún modo, que evite por sistema pronunciarme de manera similar con respecto al resto, sino tan solo que por coherencia me inhibo.
    Los arquetipos religiosos acaban, la ciencia lo sabe por experiencia, como especulaciones claramente somáticas que es lo que son, macerando entre los intersticios cóncavos de nuestro cerebro. La razón puede hacer muy poco para constreñirlas, sobre todo en aquellos casos en los que el individuo se obstina en solapar cualquier atisbo de realidad que las ponga en entredicho.
    Para llegar a la conclusión de que no fuimos creados de la nada, ni por Dios y menos todavía a su imagen y semejanza, y que en realidad no somos otra cosa que una afortunada coincidencia acontecida en el Cosmos sin suerte alguna de intervención divina, no sé muy bien qué vereda del camino he seguido, pero alcanzado este punto pienso que se pueden explicar ciertas reacciones que hasta ahora me tenían desconcertado, no tanto por su misterio como por su incongruencia.
    La ciencia, por su parte, ha dado ya suficientes muestras de que efectivamente es así, de que no existe nada ni nadie fuera de la realidad que nos abruma, y que la responsabilidad de lo bueno o malo que llevamos a cabo en nuestra vida es sólo nuestra; aunque por lo que se ve, todavía no se le ha conseguido dar mucho pábulo a eso. Incluso yo, que no soy creyente, me declaro en público agnóstico por si acaso. Cara a la galería y más aun en un país como el nuestro, en el que los solideos parecen imponer tanto o más que los tricornios, no es lo mismo decir que uno es ateo que confesarse incapaz de alcanzar conclusiones acerca de Dios y de todo aquello que tenga algo que ver con él y su misteriosa e insondable presencia.
    El último ejemplo de ello, ha sido la reimplantación de la doctrina católica en el sistema educativo español, donde la religión adquiere así carácter de asignatura esencial en un país que se declaró abiertamente aconfesional tras aprobarse, en diciembre del setenta y ocho del pasado siglo, un texto constitucional que abría la puerta al perdón y al hermanamiento. Una doctrina que, siento decirlo, a menudo nos sorprende por sus muestras de intolerancia hacia aquellos que no piensan, al parecer, como los católicos creen que deberían pensar.

    franciscojcaparros@elauvo.org

     

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