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APÓCRIFOS CARPETOVETÓNICOS
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Francisco J Caparrós

DIPLOMADO EN EDUCACIÓN SOCIAL, EXPERTO UNIVERSITARIO EN AUTOCONOCIMIENTO, EMOCIONES Y DIÁLOGO, Y MIEMBRO DEL MOVIMIENTO SOCIOEDUCATIVO ELAUVO.

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  • 02
    Septiembre
    2013

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    Las dos Españas

     

    En determinados medios manifiestamente afines al Partido Popular, se ha clasificado como de chiquillada la exaltación pública a la bandera preconstitucional por parte de algunos miembros de las Nuevas Generaciones, sin pararse a pensar ni por un momento que en este país, casi tres cuartos de siglo después del inicio de nuestra contienda civil, descendientes directos de aquellos republicanos que sufrieron entonces las ignominias del otro bando, siguen esperando todavía una respuesta que no llega.
    En manos de los dirigentes conservadores actuales se encuentra el futuro de la formación política, no en el de sus cachorros. En ellos recae hoy, como pudo recaer antes sobre sus predecesores, y antes que estos sobre otros, la responsabilidad de transmitir los valores democráticos a los que se adhirieron sus próceres desde la creación de nuestra Carta Magna.
    Tamaña lasitud, aquiescencia me atrevería a decir, sólo es comparable con el modo de actuar de aquel al que sus semejantes le importan dos pepinos. Así no me extraña que las organizaciones creadas al amparo de la Ley de Memoria Histórica, tengan tantos problemas para llevar a cabo las actuaciones de exhumación de fosas comunes de asesinados por la dictadura franquista, motivo principal por el cual fueron creadas, así como de la recuperación de los cadáveres que permanecen todavía en las cunetas a la espera de ser identificados y puestos a disposición de sus familiares, para que éstos los puedan llorar y enaltecer como sin duda alguna se merecen todos los difuntos que, en vida, actuaron conforme a su conciencia.
    Hasta que todos aquellos que se consideran a sí mismos legatarios de los valores defendidos por el bando ganador, dejen de oponerse por sistema a la búsqueda y exhumación de los cuerpos, como paso previo a la definitiva cicatrización de las profundas heridas que generó aquella contienda, tampoco sus muertos podrán descansar realmente en paz. Porque éste no es un problema que pueda resolver la Gracia Divina, sino la sociedad unida en su conjunto. Se trata de un asunto que no podemos dejar en manos del Espíritu Santo o de la Virgen del Rocío, sobre todo si confiamos en serio que acabe resolviéndose. Tal vez la crisis sí lo sea, como parece creer la ministra Fátima Báñez, pero me temo que zanjar las diferencias de criterio que persisten entre los acólitos de las dos Españas es quizá todavía mucho más complicado.
     

     

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