Blog 
APÓCRIFOS CARPETOVETÓNICOS
RSS - Blog de Francisco J Caparrós

El autor

Blog APÓCRIFOS CARPETOVETÓNICOS - Francisco J Caparrós

Francisco J Caparrós

DIPLOMADO EN EDUCACIÓN SOCIAL, EXPERTO UNIVERSITARIO EN AUTOCONOCIMIENTO, EMOCIONES Y DIÁLOGO, Y MIEMBRO DEL MOVIMIENTO SOCIOEDUCATIVO ELAUVO.

Sobre este blog de Deportes

ARTÍCULOS DE OPINIÓN


Archivo

  • 29
    Agosto
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    El sano ejercicio de la transparencia

     

    En una sociedad que se precie de serlo, todos y cada uno de nosotros somos necesarios, ciertamente, pero que nadie crea ni por un momento que es imprescindible. El que opine lo contrario, ya puede ir quitándoselo de la cabeza. Ni los tiranos, con toda su prepotencia, están completamente seguros de serlo. Así pues nada, ni creer que sin nosotros el mundo no seguirá rodando como hasta ahora, justifica obstaculizar que la verdad salga a flote. Ni la dignidad, ni la vergüenza, ni la moral, ni el respeto, ni todo aquello que tiene valor para las personas íntegras, lo merece.
    En aquellas democracias consolidadas, como son todas las europeas, algo así debe ser impensable. Impensable, porque se da por entendido que nadie que se haya hecho con unas credenciales que única y exclusivamente otorgan las urnas, las concibe como una patente de corso que permite tomar las decisiones a boleo y sin prever las consecuencias; mientras se alíen para mantenerle a uno en el poder, naturalmente.
    Gobernar sólo para unos, soslayando sin remisión a los otros, es el típico error de aquellos que se creen mejores que los demás. Nos duela o no, esa manera tan arbitraria de tutelar los destinos de una comunidad tiene mucho de autocracia, a la que solo falta exhalar el hedor rancio de otra época, por fortuna superada, para acabar creyendo que la justicia divina ampara todos y cada uno de nuestros actos, por absurdos y parciales que estos sean.
    Visto solamente desde un prisma moral, la autoridad conlleva más responsabilidades que ventajas. Hacer uso de ella para beneficiarse o favorecer a unos pocos escogidos, rompe con todas y cada una de las reglas del juego democrático que la legitiman. Decir, pues, que la autoridad es una atribución constitucional, además de una obviedad, es afirmar implícitamente que los políticos que la aceptan deben rendir cuentas de todo lo que hacen, pero muy especialmente de lo que hacen mal.
     

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook