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APÓCRIFOS CARPETOVETÓNICOS
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Francisco J Caparrós

DIPLOMADO EN EDUCACIÓN SOCIAL, EXPERTO UNIVERSITARIO EN AUTOCONOCIMIENTO, EMOCIONES Y DIÁLOGO, Y MIEMBRO DEL MOVIMIENTO SOCIOEDUCATIVO ELAUVO.

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  • 23
    Enero
    2013

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    El lodo de la política

     

    Chapotear en la mierda tiene que ser la hostia, tanto como para comprometer no sólo la propia reputación sino la de la mismísima democracia, y quedarse después tan ancho. Ese es el mensaje que transmite Luis Bárcenas, cuando las cámaras enfocan ese semblante tranquilo, común entre los que andan ahítos siempre de casi todo; aunque con veinte millones de euros en el banco, hasta yo voy de sobrado.

    Sin embargo, ese deje quimérico no ayuda nada a la hora de solapar una idea que nos anda rondando por la cabeza y que no es otra que la de que tiene a más de uno cogido por los huevos. Por eso me cuesta creer que la obsesión del extesorero popular sea única y exclusivamente el dinero. Este no ha sido, a mi juicio, sino un medio por el cual hacerse con algo todavía más subyugante para una personalidad como la suya. Todo se resume en una palabra: poder, hermano bastardo de la autoridad, y cuyo valor gravita en torno a la potestad socialmente reconocida de quién, a falta de entidad sapiencial, se deja seducir por la jerarquía autocrática. 

    En cualquier caso, con la salida a la luz de los últimos acontecimientos relacionados con la trama Gúrtel, ignoro en virtud de qué autoridad moral se podrá seguir exigiendo a la ciudadanía de este país que acepte de buen grado todos los sacrificios a los que nos ha sometido el gobierno durante éste último año. Un asunto de este calado les obliga, cuando menos, a ser algo más condescendientes con las manifestaciones en la vía pública de todos aquellos que sienten la necesidad perentoria de hacerlo, con el ánimo de defender un bienestar a todas luces objetivo. No en vano, estamos hablando de actos humanos, que como es bien sabido se diferencian de los actos del hombre, propiamente dichos, en que los primeros responden a una urgencia vital y los segundos a otra más bien subjetiva y prosaica.

     

    Francisco J. Caparrós

     

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