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APÓCRIFOS CARPETOVETÓNICOS
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Francisco J Caparrós

DIPLOMADO EN EDUCACIÓN SOCIAL, EXPERTO UNIVERSITARIO EN AUTOCONOCIMIENTO, EMOCIONES Y DIÁLOGO, Y MIEMBRO DEL MOVIMIENTO SOCIOEDUCATIVO ELAUVO.

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  • 23
    Septiembre
    2012

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    Acabemos con la especulación

     

    No existe mejor gratificación que la del trabajo bien hecho, salvo que el trabajo bien hecho tenga gratificación. Es algo así como un incentivo, pero sin el indiscutible hándicap de mermar la creatividad, como el incentivo en sí, que no nos permite realizarnos.

    Pero no para todos resulta atractivo recrearnos en una actividad sobre la que pesa el estigma del primer pecado. Hay gente que le cuesta entender que el trabajo es mucho más que un medio de subsistencia, más incluso que la manera más sana de prosperar en la vida: el trabajo es un ejercicio de colaboración, el artífice en suma del milagro que ha conducido a la humanidad al privilegiado lugar en la evolución que ha alcanzado sobre todos los animales que, como nosotros, también habitan el planeta.

    Trabajar es un fin en sí mismo, la actividad que con esfuerzo y tesón nos aporta dignidad e independencia a partes iguales. De ahí que todos tengamos derecho a ello. Nuestra constitución lo advierte en el punto uno del artículo 35, y de aquel extrapolamos que quienes nos gobiernan tienen la obligación de establecer las condiciones más propicias para que se haga realidad. Sin embargo, hasta ahora éstos tan solo se han limitado a suavizar las condiciones para el despido, suspender la inmensa mayoría de oferta de empleo público, e incluso engrosar las listas del paro poniendo en la calle a interinos.  

    Pero no todo es trabajo, eso es cierto. El trabajo se creó para poder vivir de él, y no al revés. Sería triste que, al final de toda una vida, no pudiésemos llevarnos con nosotros más que el recuerdo de una jornada laboral de sesión continua, amenizada apenas por las sombras al fondo de la caverna a la que nosotros mismos nos hemos condenado. Aunque más triste aun es el ejercicio de la especulación, que ni crea riqueza ni contribuye a fortalecer las bases sobre las que se sostienen nuestras sociedades.

     

    Francisco J. Caparrós

     

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