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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 15
    Febrero
    2013

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    Vulgares corruptos

    Hannah Arendt levantó una polvareda al acuñar “la banalidad del mal”, para explicar la gestión del Holocausto a cargo de un ordinario burócrata como Adolf Eichmann. El genocidio judío era demasiado serio para encomendárselo a un oficinista, pero la corrupción española vuelve a demostrar que las lacras que amenazan la convivencia son protagonizadas por los personajes más mediocres. Cabe hablar de “la vulgaridad del mal”, un repertorio de seres pedestres que encarna de manera inmejorable la chillona Ana Mato, la primera ministra que califica de “infamia” un informe elaborado por la policía especializada de su gobierno.


    Ana Mato obliga a plantearse dónde están los vilipendiadores de Bibiana Aído y Leire Pajín cuando los necesitamos. La estridencia de telenovela latinoamericana de la ministra duele más que los regalos de Gürtel. “No soy culpable de los crímenes de mi Darío Alberto”, aúlla en el Parlamento con lacerante falta de convicción y de oratoria. A continuación se apropia del ministerio sin invocar siquiera al presidente del Gobierno que teóricamente se lo concedió, aunque en realidad se trata de otro obsequio de Javier Arenas.


    La apabullante vulgaridad de Mato sintoniza a la perfección con la tosquedad de su exmarido Sepúlveda. Cuesta entender la ruptura del matrimonio entre dos personalidades tan afines, pero aquí nos interesa observar cómo el “funcionario” del PP hasta anteayer saborea los momentos televisivos en que tiene a su exesposa a su merced. Se expresa con la banalidad de rigor, ¿de verdad que estos discípulos de Bárcenas, otro Demóstenes, son la mejor plantilla que puede alinear el equipo más poderoso de la política española, también llamado PP? La proliferación de corruptos impide deslindar a los telediarios de Sálvame en la programación, una distinción que ya antes cursaba con dificultad. Los infinitos urdangarines hallaron en la corrupción la única vía de acceso a una gloria que sus méritos jamás les hubieran otorgado. Cunde la tentación de indultarlos, a cambio de no tener que escucharlos nunca más.

     

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