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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 17
    Diciembre
    2013

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    Un millón de palmesanos

    Las sucesivas remesas de gobernantes del PP difieren en las marcas de sus perfumes y sus relojes, pero siempre acaban coincidiendo en que Mallorca necesita más mallorquines. Está muy historiada la urgencia de Bauzá por conseguir ingresos fiscales desde su Govern, para que la farmacia que explota perciba tres mil euros diarios de fondos públicos. En cambio, Mateo Isern es el político a quien todos compraríamos un coche de segunda mano pensando que es de primera, lo cual no nos evitaría el chasco consiguiente. En Cort utiliza el mismo truco del guante de seda con puño de hormigón, para acelerar la llegada de una Palma con un millón de habitantes, la ciudad de Mad Max.

    No esgrimimos la devaluación por exceso de difusión del rango de palmesano, porque esta jerarquía nunca ennobleció especialmente a sus propietarios. Sin embargo, hasta los arquitectos admiten ya la urgencia de derribar edificios de otros arquitectos, mientras Isern recurre a la ficción de la salida de la crisis como un trampolín para seguir construyendo. Los promotores agazapados se asoman al exterior de la madriguera, para proponer otra plaga de hormigón con traca final que pagarán los ciudadanos. El alcalde se ha olvidado de la mejora integral de Son Gotleu para apadrinar al palmesano un millón, a falta de aclarar dónde va a empotrarlo.

    Palma es una ciudad trampa con explosión garantizada, otros pueblos de territorio comprimido como Suiza muestran mayor inteligencia en la selección del crecimiento. Con todo, lo peor del cemento es el discurso de sus practicantes, envueltos en la creación  de riqueza y sin precisar que sólo buscan la propia. Es el primer argumento que los emparenta con los hoteleros, el segundo consiste en que se trata de las mismas personas. (Pueden ahorrarse los comentarios sobre la paradójica convivencia en una misma publicación de artículos como éste y de publicidad inmobiliaria. El peligro radica en los medios donde aparecen anuncios de adoquines sin contrapartida).

     

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